Page 114 - Rosario Corinto 08
P. 114
tica, como la más pequeña de las semillas, la semilla de
mostaza. Con imágenes hiperbólicas, les asegura que la
fe puede alcanzar cosas que parecen imposibles. La histo-
ria de la Iglesia está llena de casos en los que los verdade-
ros creyentes, los santos, han hecho cosas humanamente
imposibles. Jesús mismo, en diversas ocasiones repetirá:
“Todo es posible al que cree”. Y es que la fe nos une a
una fuente de energía y de vida que lo sana y cura todo,
que hace milagros. La fe es como una participación de
la omnipotencia divina, y por eso hace cosas grandes,
maravillosas, humanamente imposibles.
Necesitamos, por consiguiente, una experiencia
de fe. Recordemos lo que, al final del libro, Job le res-
ponde a Dios: «Me siento pequeño, ¿qué replicaré? He
hablado una vez, y no insistiré. Reconozco que lo puedes
todo y ningún plan es irrealizable para ti. Te conocía sólo
de oídas, ahora te han visto mis ojos».
A este propósito, el Cardenal Newman, un gran-
dísimo intelectual, convertido al catolicismo, beatificado
por el Papa Benedicto XVI en Inglaterra, escribió esta
oración:
Guíame, Señor, mi luz, en las tinieblas que me rodean,
¡guíame hacia delante!
La noche es oscura y estoy lejos de casa: ¡Guíame tú!
¡Dirige Tú mis pasos!
No te pido ver claramente el horizonte lejano:
me basta con avanzar un poco...;
sin duda, Tú me guiarás por desiertos y pantanos,
por montes y torrentes,
hasta que la noche dé paso al amanecer
y me sonría al alba el rostro de Dios:
¡tu Rostro, Señor!
Hoy ya no podemos vivir de una fe meramente heredada y sociológica, sostenida y apoyada
por un ambiente favorable. Ya no podemos seguir viviendo de una fe «sólo de oídas». Necesitamos
una auténtica experiencia de fe, aun en medio de la niebla y a veces de la oscuridad.
Es verdad que vivir hoy la fe en una sociedad pluralista, secularizada y pagana puede pare-
cernos más difícil que en otras épocas. A muchos, de hecho, les cuesta manifestarse públicamente
creyentes y más aún practicantes.
San Pablo, que afirmaba “sé de quién me he fiado” (2ª Tim 1,12), exhortó a Timoteo a vivir
la fe, no “con un espíritu cobarde, sino con un espíritu de energía, amor y buen juicio” (2ª Tim 1,6-
8). Porque efectivamente, “Dios no nos ha dado un espíritu cobarde”. El hecho de que en nuestra
sociedad parezca que tienen mayor fuerza otros modos de pensar y de vivir, no debe ser una excusa
para vivir acobardados, casi pidiendo perdón por creer.
Pablo decía a su “hijo querido” Timoteo: “no te avergüences del testimonio de nuestro
Señor”. (1,8)
Ahora bien, vivir la fe con fuerza y valentía no significa vivir enfurecidos y con actitudes
114

