Page 110 - Rosario Corinto 08
P. 110

esperando que salieses a mi encuentro,
                                                  pero no, mi objetivo no lo conseguía
                                               no te encontraba aquel sábado por la tarde

                                                     cuando salías de Santa Catalina.
                                                        Y en mis ansias de buscarte

                                                   en mi alma esperaba que estuvieses,
                                             así que abrí la puerta y colmado de esperanza,

                                                         esa la que tanto nos falta,
                                                 esa que nos sostuvo en nuestras casas...

                                                           Te acabé encontrando,
                                                                 ahí estabas,

                                                        en el arcón de mi corazón,
                                                         donde siempre me espera,
                                                  brazo extendido, la palma de tu mano
                                                         ahí estabas, esperándome,
                                                    porque tú no te cansas de hacerlo,
                                            porque en verdad, estás conmigo en todas partes
                                       y aunque, se nos ciegue hasta lo más profundo del alma,
                                             y nos olvidemos de aquello que nos enseñaron
                                  cuando la mirada, clavada, se nos iba hasta la llaga de tu costado
                                                       crucificados tus pies y manos

                                                            y coronado de gloria
                                                       aunque sólo veamos escarnio
                                                      siempre estabas esperándonos.

                   Cuando me preguntaban qué significaba ser cofrade siempre contestaba con un rotundo
           “TODO”, quizás porque crecí en una familia que lo era o quizás, porque con el paso del tiempo,
           aquella semilla de las ganas de seguir a Cristo que nos enseñaron en casa, iba creciendo conforme
           teníamos que sacar el bajo de la túnica para poder, un año más, seguir coleccionando aquellos
           recuerdos que nos forjaron como el cofrade que somos ahora.

                   Señor, tú nos conoces bien, tú sabes de nuestros anhelos, tú lo sabes todo... Ese todo que
           nos completa, ese todo que eres tú. Te vemos crucificado en ese calvario itinerante quehabía de
           llevarte el Sábado de Pasión soñado por las calles de Murcia, muerto a la vez que triunfante y a tus
           pies... Cientos de capuces...

                                                  Sí, me lo volví a poner llegada la hora
                                                      cuando el reloj marcó las ocho

                                                  y se abrieron las puertas de lo eterno,
                                               donde, como siempre, llegaba, un año más

                                                      nuestro anhelado reencuentro
                                                              y te vi, de nuevo

                                       con la mirada inocente del niño que hace un tiempo fui
                                             y sonreí al escuchar de nuevo el latir acelerado
                                           que siempre aprendí a llamar redoble de tambor,

110
   105   106   107   108   109   110   111   112   113   114   115