Page 47 - Rosario Corinto 08
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na”. Ambos grupos se diferencian en que el primero hace un uso más evidente y significativo de la
cuerda de Viento Metal desde el inicio, pues comienzan con una fanfarria de metales (siendo esto
otra clara referencia a “Mektub”) e incluyendo muchas de ellas un solo de trompeta o saxo en el
trío final. En el segundo grupo, el menos numeroso, el Viento Madera (clarinetes sobre todo) tiene
un protagonismo mucho más marcado, en detrimento de los metales.

       No obstante, todas comparten una misma estructura. Comienza con una introducción (ya
sea como fanfarria o como un leve canto grave) que ya presenta la melodía principal. A esta intro-
ducción sigue toda la sección principal, con el tema de la marcha desarrollado e in crescendo hacia
una sección central que hace las veces de punto culminante de esta primera parte. Tras este forte
central, repite la introducción para enlazar con el trío, siempre de carácter más dulce y cantable
que la sección inicial. Esta segunda sección expone un nuevo tema, primero en piano, con o sin
sólo, y después en forte como cierre de la marcha. Es esta segunda parte la que suele ser más recor-
dada y reconocible, por ser muy característicos los solos que suele introducir.

       Como decíamos, la carrera militar de Gómez Villa lo llevó a residir durante décadas en la li-
mítrofe provincia de Alicante, en concreto en San Vicente del Raspeig, donde fue durante muchos
años director de la banda. Allí entró en contacto con toda la tradición musical festera valenciana
(de hecho, compondrá y ganará varios premios por varios pasodobles y marchas festeras), algo de
lo que se impregnaría para crear lo que podemos llamar el “Pasodoble Ciezano”. Como en las mar-
chas, estos pasodobles tienen una marcada influencia de don Antonio León, autor de los himnos
del Santo Cristo del Consuelo, San Juan y la Verónica. En este último se fijaría Gómez Villa para

                                                                     escribir “Santa María Salomé”. Es
                                                                     evidente el parecido en estilo y melo-
                                                                     día que ambos guardan. Inspirándose
                                                                     en esto, y aportando la estructura del
                                                                     pasodoble valenciano (que no deja de
                                                                     ser algo similar a la de las marchas len-
                                                                     tas) y la sobriedad y empaque de las
                                                                     marchas militares, construiría todo el
                                                                     legado de pasodobles semanasanteros
                                                                     que nos ha dejado. Son precisamente
                                                                     estas obras, tan populares, de tanta
                                                                     belleza y tan características de Cieza
                                                                     las que más mérito le merecen, y las
                                                                     que, por desgracia, menos se inter-
                                                                     pretan en procesión, en beneficio de
                                                                     pasodobles valencianos.

                                                                             Creo que es labor de todos los
                                                                     cofrades poner en valor y destacar
                                                                     nuestro patrimonio propio frente al
                                                                     ajeno. De ahí mi intención durante
                                                                     estos años al escribir para esta publi-
                                                                     cación de promocionar el riquísimo
                                                                     patrimonio ciezano, que no es sólo
                                                                     de Cieza, sino que pertenece y en-
                                                                     grandece a toda la Región, como lo
                                                                     hacen los tesoros del resto de muni-
                                                                     cipios. Como murcianos todos que
                                                                     somos, deberíamos recordar que estas
                                                                     obras, este patrimonio, son nuestra
                                                                     seña de identidad. Debemos llevarlo
                                                                     por bandera y no cambiarlo por otras
                                                                     marchas, por otros estilos que son he-

                                                                                                                                                     47
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