Page 44 - Rosario Corinto 08
P. 44

sa de soledad y angustia. Letras de amor y de
           perdón y letras para todos aquellos que llevan
           cargando el peso de la penitencia.

                   Normalmente, los saeteros y saeteras son
           contratados por la hermandad o cofradía que
           hace estación de penitencia, pero otras perso-
           nas lo hacen por devoción o por disfrute de este
           género musical, pues representa una combina-
           ción confusa de sentimiento, arte y devoción.

                   Para mí, como cantante y amante de la
           música, la saeta es uno de los géneros musicales
           que más llena mi corazón a la hora de expresar
           mis sentimientos. En este caso, se unen dos pa-
           siones; la Semana Santa y la música. Es un género sacrificado para el que canta, pues la voz tiene
           que estar perfecta para entonar y hacer vibrar con las palabras que quieres transmitir. Son muchos
           los nervios, la espera, el ultimar el momento y por supuesto empezar en el tono perfecto ya que
           toda la música que puede sonar en cualquier canción aquí se enmudece. La responsabilidad se hace
           eco de tu cuerpo y por un momento parece que flota en el aire, pero miras fijamente a la imagen
           del Señor o de la Virgen y le expresas cantando todo aquello que quieres decirle con palabras.

                   Asomarme al balcón del Museo Ramón Gaya para cantar en la noche de Sábado de Pasión,
           es como asomarme al mismo palco del Monte Calvario.

                   Cantar al Cristo de la Caridad es alzar una oración, desgarrada, de lo más hondo de mi
           alma. Es entonar un canto que cuando sale de mi boca, ya no me pertenece. Se trata de una sen-
           sación que no quedará escrita para siempre en la historia de Murcia, sino que es un privilegio del
           “aquí y ahora”, que se agota. Cantar al Señor de Santa Catalina es poner voz a las oraciones de
           muchos devotos que, agrupados en la plaza de Santa Catalina, contemplan a Cristo muerto y la
           melodía que le envuelve.

                   Os aseguro que cantar la Saeta al Cristo de la Caridad es una gran responsabilidad que asu-
           mo con gusto y para lo que recorro unos cuantos cientos de kilómetros cada año. Pero para mí, ese
           momento íntimo - pese a ser compartido - es el inicio de mi Semana Santa.

44
   39   40   41   42   43   44   45   46   47   48   49