Page 46 - Rosario Corinto 08
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Precisamente de esta época datan sus primeras composiciones: la archiconocida marcha
“Cristo del Perdón”, y dos bastante más desconocidas pero no menos bellas “La Oración del
Huerto” y “El Cristo del Consuelo”. Estas tres marchas, escritas en 1948 para la Semana Santa de
Cieza, marcarían su estilo fundamental. Curiosamente, la primera de estas tres, tan conocida en
la Murcia por haberse convertido en un himno del Lunes Santo, está dedicada a la devota imagen
del Santísimo Cristo del Perdón de Cieza, venerado en la parroquia de San Joaquín de Cieza desde
1942, aunque habría que esperar tres décadas para que esta talla pisara las calles de la localidad en
procesión.
Tal y como se puede comprobar en el catálogo incluido en el libro “Cien Años de la Junta
de Hermandades Pasionarias de Cieza (1914-2014)”, el maestro Gómez Villa compuso 24 de las
61 marchas y pasodobles que componen el patrimonio musical de las cofradías ciezanas, sin contar
los respectivos himnos oficiales de los dos patrones de Cieza: La Santísima Virgen del Buen Suceso
Coronada y San Bartolomé. Casi la mitad del patrimonio documentado, aunque desgraciada y
sorprendentemente varias de ellas se han perdido y, de las que si se conservan, no son demasiadas
las que se siguen interpretando (aunque en los últimos tiempos se están recuperando paulatina-
mente para los desfiles).
Resulta también curioso que la inmensa mayoría de estas obras fueron compuestas a partir
del año 1994, siendo la última “El Encuentro de Jesús y María en la Calle de la Amargura” en
1999, dos años antes de su fallecimiento. Anteriores a esta fecha encontramos las tres ya citadas,
“Santa María Magdalena” (1990) y los pasodobles “Santa María Salomé” (1950) y “El Ángel
Triunfante” (1972). Siendo ambas dos obras imprescindibles en la Procesión del Resucitado. Esta
proximidad en el tiempo hace que entre sí sus marchas se parezcan como hermanas, aunque no
por ello pierden su carácter propio, evocando inequívocamente al paso o momento que están
dedicadas, demostrando lo buen conocedor y amante de su Semana Santa que era. El volumen
de encargos en esta época se debió en gran medida a la gran acogida que tuvo “Semana Santa Cie-
zana”, el himno de esta Semana Santa, y “la Cortesía”, el pasodoble ciezano por excelencia. Para
ambas obras utilizó el esquema que ya había probado y tan buen resultado dio en “El Cristo del
Perdón” y “El Ángel Triunfante”.
Al igual que esta primera, el resto de sus marchas lentas cuentan con un carácter que oscila
entre lo fúnebre y lo solemne, aunque siempre con ese sentir puramente religioso y espiritual que,
en mi humilde opinión, toda marcha procesional debe transmitir. Son marchas muy sencillas, de
melodías simples y pegadizas. Esta forma de escribir las melodías nos remite directamente a quien
debiera ser una de sus primeras influencias musicales cofrades: el Cabo Antonio León, a quien ci-
taba más arriba. Este estilo popular y sencillo, de melodías dulces y muy reconocibles, se mezcla en
Gómez Villa con una armonía que viaja entre lo modal y lo tonal, al más puro estilo de “Mektub”
de Mariano San Miguel, y una orquestación clara y sencilla, que nos remite a las marchas militares
que formaron parte de su día a día profesional.
Su producción de marchas lentas la podemos dividir en dos grupos: el de “Cristo del Per-
dón”, en el que se incluirían “Semana Santa Ciezana”, “San Pedro” o “la Samaritana” entre otras; y
el de “la Oración del Huerto”, englobando este “La Unción en Betania” o “Santa María Magdale-
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