Page 96 - Rosario Corinto 09
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engastada en vivo rojo guía a los participantes. Entran los frailes revestidos con vestimentas anti- Centurión se despoja del casco y lo recoge sumiso, reverenciando al embalsamado.
guas recordando a los Santos Varones; algunos niños de la Escolanía aparecen caracterizados como El cuerpo de Cristo va entrando en otro ámbito diferente que ya no es el del tumultuoso
las Santas Mujeres (el teatro sacro prohibió la presencia de la mujer desde la Edad Media). Todos alarido de la multitud deicida.
vienen solemnes y con los rostros entristecidos. Incluso José de Arimatea se desviste sus gasas ceremoniales y extiende los gramos gustosos
Acceden al altar donde, de improviso, otros religiosos ya han dispuesto las escalas para subir sobre el cuerpo. ¡Cuánta novedad en los dedos de un sanedrita sobreponiéndose al pudor rígido
a lo alto del madero. El religioso revestido como José de Arimatea asciende; Nicodemo espera en del viejo sacerdocio! Hay una Ley Nueva que se abre sobre las carnes heridas de Cristo. Y ni el
la parte baja. Comienza a recoger cada una de las “arma Christi”: el titulus crucis, la corona de rigor del sabbath puede sobreponerse a ella. Se doblan con sus dedos los profetas de todo tiempo
espinas, … A continuación, trenza un amplio lienzo entre el torso y los brazos de Cristo. Ante la venerando cada surco abierto en la carne. Se ha abierto para siempre la Vieja Alianza al tiempo del
mayor atención de la concurrencia comienza a retirar los clavos de las palmas de las manos… Cumplimiento. Y el entierro del Rábbi es ya el sepelio de un rey: se revela más diáfana que nunca
Los pequeños se sobresaltan al contemplar como cede y cae la mano del Redentor. Unas la realidad mesiánica de la estirpe de David.
mujeres gimen al final de la nave. Se repite el gesto de la mano izquierda a la derecha; luego, des- ***
de abajo, Nicodemo hace lo propio con los pies. El cuerpo inerte de Cristo vibra inestable entre Lo envuelven a prisa, pero con cuidado dentro de las sábanas que quedan dobladas alrede-
las sábanas: poco a poco desciende. Lo recogen los varones y lo llevan mansamente ante las faltas dor del cuerpo: en la misma forma en que las habrá de ver Pedro la mañana del Domingo. Y se
negras de la Virgen. inicia la marcha cadenciosa hacia el cercano sepulcro; hacia la roca excavada y nueva que el propio
Suena el Stábat Mater. José tenía en su huerto principesco.
Ha acabado la alabanza y el culto hacia el árbol heroico. El tiempo queda ahora suspendido El ambiente que recibe al cuerpo inerte es el mismo que conocemos en las tardes de lluvia
en la contemplación de la Madre del Mundo. Suenan los suspiros y los lamentos. primaverales sobre la huerta. El olor de la vegetación exhala agradecido extendiendo sus aromas y
Los religiosos y los actores se inclinan ante los bultos de la Sexta Angustia y van retirándose embriagándolo todo: la repentina tormenta ha despertado los pistilos de los azahares que derraman
con pausa. sustanciosos todo su olor. Incluso la higuera parece generosa, no aquella maldecida por Cristo en el
La efigie de la Virgen, enlutada rigurosamente, ha asistido expectante en un apartado y os- camino hacia Jerusalén, y presta su sustancia a embriagar, a orlar el manto precioso de la naturaleza
curo espacio de una capilla adyacente; olvidada mientras la serpiente orlaba la cima del bastón mo- con el fragor inefable de los frutos. El orbe se comprime como un ojo y deja colar unos últimos
saico. Los escolanos revestidos de pajecillos van llevando hasta sus plantas cada uno de los elemen- rayos de sol que se proyectan sobre el difunto. El firmamento todo se inclina ante el Hijo de Dios.
tos que han quedado desprendidos: primero, la corona de espinas, después los clavos, finalmente, Los dolientes reverberan el viejo salmo In exitu Israel de Aegipto… La propia Virgen canta
el humeral de gasa fina con el que se ha ungido, con vino dulce y oloroso, las heridas de Cristo. levemente sobreponiéndose al incomparable dolor. San Juan acaricia una palma blanca que ha
El templo queda herido. El altar ya no es altar. El centro de gravedad ha quedado alterado. crecido al borde del camino…
Ahora rige el mundo el vacío. Y la soledad se apodera del hombre. Un cirio llega hasta la boca del sepulcro. El salmo se desgrana triste, pausado, no queriendo
Tras un instante de contemplación grave y triste, retorna el clero desde lo profundo del coro. terminar. Su eco se dobla sobre los lienzos cercanos de la muralla que los vierte hacia la profun-
Se inicia el entierro del Señor… didad breve del valle del Tiropeón. Bajo la frondosa espesura de los frutales del huerto se asoma
La deposición el camino que conduce a Jaffa, que mira por el Mediterráneo al nuevo occidente cristiano, y que
atravesará antes como un soplo la milagrosa Emaús. Ciertamente, el entierro de Cristo mira ya
Durante un tiempo breve las gentes han creído estar realmente en Jerusalén. El sugestivo decisivamente al Domingo. No es la turbación de un Dios oculto: es la puerta de un Dios que
efecto teatral los ha hecho partícipes de un hecho histórico siempre permanente en la Eucaristía. misteriosamente se revela ¡Oh, sí!¡El Sepulcro es el Sagrario auténtico tras cuya sola se condensa el
Ahora, igualmente conmovidos, asisten al sepelio. Los más capaces aún pueden rememorar Verbo vivo!
con los ojos cerrados y reconstruir la escena mentalmente con un potencial que siglos más tarde Pero los llantos nos ocultan aún esta presencia revelada. Cristo, que aparentemente no está
emplearán los jesuitas. ya en este mundo, va a los Infiernos a campear triunfante sobre el reino de la muerte. Pero aún las
Lo vemos junto a ellos y como si ahora mismo sucediese: lágrimas trágicas, las lágrimas de nuestro tiempo, la desesperanza contemporánea que se ha ganado
Las reliquias de la Pasión quedan en las manos de la Virgen. Los ángeles de cortejo las mediante la lucha por la falsa libertad, ocultan que el Rey ha sido pregonado en Viernes: exaltado
han ido dejando sobre sus manos, primero, los clavos que tenían su cuerpo prendido a la Cruz; inequívocamente sobre la Vexilla regia de la Cruz.
después, la corona que se hendía sobre su frente… también la espina terrible que había rasgado Los dolientes vuelven a la ciudad. La tradición nos dice que el Cenáculo donde, temerosos,
el párpado. Todo va despojándose de la carne herida y aún sangrante. A continuación, llega a los los discípulos se escondían también fue la morada de la Madre en estas horas. La Virgen, nos dice
dedos inmaculados el humeral con que las Marías han limpiado el rostro y el cuerpo entero del el Evangelio, “guardaba todo esto en su adentro”. La Virgen, Nuestra Señora del Rosario, desgra-
Redentor. El suero y la sangre continúan fluyendo de la herida del costado… Las de manos y pies naba y guardaba toda la Pasión, todo el sufrimiento, en su adentro. Y se refugia en la oración y en
comienzan a coagular formando pequeñas costras oscuras. la confianza. Y la rememoración no es rito vacío, es sujeto de esperanza: confianza en las manos
Las lágrimas de las mujeres y aún las de los justos varones van cayendo sobre la carne. Son del Padre: “Hágase en mí”.
las oraciones más puras que limpian el alma, los perfumes más caros e íntimos, ganados con el ***
dolor y la amargura. Junto a ellas se tienden los ungüentos derramándolos sobre las carnes frías Y nuestro templo cerrado. Es acaso hoy más cercano al Sepulcro: vemos al Dios invisible
del Nazareno. Nicodemo ha comprado una gran cantidad de ellos y se desvanecen, incontrolables, misteriosamente oculto. No lo comprendemos.
sobre la carne macerada por el sufrimiento. El perfume se extiende por el Calvario. La sustancia Aún el resto del año también tenemos a Cristo como hoy mismo, también en el Sepulcro:
olorosa se sobrepone al hedor nauseabundo de la sangre y las últimas angustias desgranadas por Señor escondido. Somos nosotros quienes te escondemos cada vez que evitamos profesarte en pú-
los ajusticiados. La guardia romana, en la distancia, se sorprende ante la aquilatada fragancia: el
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