Page 95 - Rosario Corinto 09
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conciten toda la atención. Así, desde la Crucifixión a la Sepultura, todo hasta el silencio de estas
               horas quedó codificado en aquel anecdotario dramático que dio pie, con el transcurso del tiempo,
               a la aparición de las formas externas de la Semana Santa. Instrucción y reconstrucción que, como
               bien supieron más tarde los jesuitas, llevaba necesariamente a la meditación de los sucesos princi-
               pales del cristianismo.
 Meditación a Nuestra Señora del   contemplativa del Cenáculo.
                     Sustancia áurea a la que nos entregamos ahora en compañía de la Virgen en la Soledad
 Rosario en sus  Misterios Dolorosos.  El desenclavamiento

                     En el ocaso de la Edad Media la vida contemplativa vivió un tiempo de cambios trascen-
 Pronunciada por el Dr. D. José Alberto Fernández Sánchez en la Iglesia de   dentales. Los hábitos del monje dejaron de focalizarse estrictamente en el interior de las ciudadelas
 Santa Catalina de Alejandría, ante la Virgen del Rosario a las cinco de la tarde el   monásticas para centrarse en el ámbito de la predicación. En este nuevo papel el fraile andariego
               de las nuevas órdenes mendicantes va a buscar la exégesis del cristianismo en el también nuevo
 Sábado Santo 3 de abril de 2021 (Año de la Pandemia)
               espacio público. Resurgen las ciudades y con ellas el trasiego comercial y la pronta traslación de las
               nuevas fórmulas religiosas.
                     Aunque el marco del Románico aún sea el espacio dilecto de la liturgia la función sagrada
               se hace polivalente. Una vez llevado el Santísimo a los reservados de las sacristías las naves de
               estos suntuosos edificios se convierten en el escenario para la sugestión: el ámbito dilecto para la
 HILVÁN PARA EL SÁBADO DE LA VIDA  vivificación de los relatos religiosos. La propia naturaleza pedagógica de la predicación hubo de
 stamos a pocas horas de que las luminarias vuelvan a rodear el Santo Sepulcro. Ano-  asirse al amparo de lo visual. La respuesta entusiasta de los fieles, convertidos ya en masa ávida de
 che, como cada año en la Pascua, la luna de Nisán volvió a atravesar la noche de Jeru-  la Historia de la Salvación, validó el nuevo formato para la expresión visual del relato mesiánico y
 Esalén iluminando con su pálido reflejo cada piedra y cada surco labrado en la tierra: la   aún de su trascendente simbolismo sacramental.
 Puerta Oriental, el Cenáculo, Getsemaní, la Vía Dolorosa… La Cofradía de la Caridad sabe tanto   Los ojos y las almas intuían lo que hasta entonces sólo habían intuido. Se hacía tangible
 de Tierra Santa: allí han acudido algunos de sus cofrades en peregrinación no hace muchos años.  el relato mítico que adquiría carta de naturaleza física, como el propio Cuerpo de Cristo en la
 Esta tarde de Sábado Santo preside el gran silencio. La contemplación ante la tumba de Cristo   sustancia material del Pan. Y fueron, cabe recordar, precisamente los monasterios de rito romano
 donde Dios ha parecido quedar derrotado y olvidado del mundo. El anhelo de los cristianos de   los primeros en incluir esta nueva metodología donde el teatro renacía, libre ya, de las connota-
 Occidente estuvo siempre precavido de cubrir ese silencio y buscar las respuestas sobre el dónde y   ciones paganas de la época paleocristiana. Los archivos de San Marcial de Limoges evidencian la
 el cómo, asistiendo desde los primeros siglos a aquellos memorables viajes en busca de los Santos   pervivencia de una fórmula clásica también en sus orígenes netamente sagrada. Y precisamente el
 Lugares.      tiempo de Semana Santa se revelaba propicio para la restauración de la vieja concepción del relato:
 La hispana Melania la Vieja (ca. 372) y Paola con su hija Eustaquia, ya en el 385, fueron   un recobrado modo de contemplar la oratoria del altar asida, esta vez, a la búsqueda del Salvador
 las primeras mujeres de la alta sociedad romana en visitar Palestina, sucediendo así a otra mujer,   en su Sepulcro la mañana del primer Domingo de la Vida.
 Santa Elena, madre del emperador Constantino, quien arribó hasta ella en el 327: construyendo   La fórmula repetitiva del “Quem quaeritis?” (¿A quién buscáis?) resonaba en los muros pé-
 monasterios, edificios martiriales y buscando un buen número de reliquias de la Pasión de Cristo.   treos de las iglesias mostrando a la luz de las asombradas muchedumbres el carácter palpable, nada
 También la monja hispana Egeria iría a Tierra Santa a finales del siglo IV dejando un magnífico   inefable, de la vuelta de Cristo desde el reino de las tinieblas. Y así, desde el año 1000, una vez y
 libro de viajes describiendo con detalle la liturgia de Jerusalén.  otra, asomando siempre como si fuera primicia la vuelta cíclica del tiempo sagrado de los orígenes.
 Estas peregrinaciones, ya con la Basílica constantiniana de la Anástasis como punto angu-  Y aún el drama de la muerte y desenclavamiento de Cristo de la Cruz hubo de convertirse
 lar, continuaron durante todo el Medievo. La dominación cristiana de los Santos Lugares, ya en   en el primer suceso evocado de esta nueva concepción del rito. El relato dilecto no sólo cuajó, sino
 época de las Cruzadas, llevaron allí a los miembros de las órdenes de caballería como la famosa del   que se mantuvo imperturbable y vigente hasta los mismos albores del Mundo Contemporáneo.
 Temple. Precisamente estos caballeros fueron los primeros en radicar, tras la conquista Alfonsina   Y desde este germen hasta el Concilio de Trento la práctica escenográfica, en la que ya se incluían
 de Murcia, en esta misma Iglesia de Santa Catalina. Como constancia de aquel vínculo hieroso-  las imágenes talladas de Cristo y su Madre, se proyectaron hacia las calles y plazas de las ciudades,
 limitano fundaron aquí la primitiva Capilla del Santo Sepulcro aún conocida por este nombre a   cumpliendo así los dictámenes conciliares de Trento que no creían oportuno que el interior del
 comienzos del siglo XX (acaso alguna piedra de aquella sepultura de Cristo repose escondida entre   suelo consagrado fuera propicio para tales alardes. Aún así, nacía la Semana Santa en un formato
 nosotros).    ya cercano al modo externo que hoy conocemos, aunque manteniendo durante siglos la primicia,
 Unos y otros con sus viajes y libros de peregrinación, con sus rutas e hitos, dejaron cons-  el grano originario que, desde luego, no cayó en suelo yermo.
 tancia de la necesidad que tuvo siempre el cristianismo de sentirse cerca de la Pasión de Cristo:   Vamos ahora a mirar los ojos de la Virgen, como si ahora en su aposento lo recordase todo
 de revivirla como si se hubiera estado auténticamente allí. La vivencia sacramental de Cristo-Dios   y se reflejasen las escenas de la Pasión en sus pupilas aún enrojecidas por el llanto.
 hecho hombre al que se le hace sagrario y morada en cada cuerpo, instó también a la necesidad   ***
 física del logos: a la reconstrucción mental de toda su Pasión, Muerta y Resurrección. Y esa memo-
 ria intelectiva hecha teatro y misterio sacramental por la sagacidad de los monjes de la Baja Edad   Los fieles han acudido desde lejos a participar en la veneración de la Santa Cruz. Antes
 Media, sirvió para la instrucción evangélica de una población analfabeta.   de la comunión todos se han acercado hasta el altar para besar los pies llagados del Crucificado.
 No habrá de sorprendernos que sean precisamente los sucesos de estas mismas horas los que   Ahora, ya acabada la liturgia, esperan expectantes que el cortejo de sacerdotes y actores vuelva a
               incorporarse desde la Sacristía. Se entona el Vexilla Regis mientras la bandera negra con la cruz








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