Page 100 - Rosario Corinto 09
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También esta otra María está cerca de Jesús en estos momentos de tiniebla. La Madre no
                        está sola: junto a ella está Juan quien ha comprobado al entregarse el cuerpo y ver manar la sangre
                        del costado el cumplimiento sacramental que Cristo había anticipado en la Cena de Jueves Santo.
                        También el apóstol, barro tierno que se ha dejado modelar en compañía del Maestro, está junto
                        a la Virgen en estas horas de profunda tristeza y desolación; cuando los velos de las iglesias tapan
                        las ventanas y el Cenáculo de Jerusalén se convierte en el reino de la paradoja: un pueblo espera
                        orando entre la tiniebla el cumplimiento de la Vida Eterna.


                                                       Eres la reina de la hermosura
                                                          pero eso no te consuela
                                                     aunque vengan de lejos los bardos
                                                     y los de dentro no te comprendan.


                                                      Porque a dolor no hay quien le pueda
                                                          el sufrimiento que vives
                                                      ayer, hoy y siempre por tu Hijo;
                                                         cada segundo por todos.

                                                       Y aunque por la fama te acrecientan
                                                           porfiándote allá lejos,
                                                          tienes aquí el sustento
                                                        de estos hijos tan ingratos:
                                                          Quiérenos pese a todo
                                                    y no nos dejes valer sólo por lo vano
                                                     que de ti tomamos por vanagloria.


                                                         Pues tu eres la reina de la pena
                                                         y ni con tu belleza entera
                                                       para el dolor de verte llorando
                                                             existe consuelo.

































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