Page 105 - Rosario Corinto 09
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la dignidad que en ti permanece intacta, podré encontrar en sus ojos los tuyos y en sus labios el   cruz si en ella iban los pecados del mundo? Infidelidades, traiciones, envidias, orgullos, mentiras
 susurro de esa voz que acaricia el alma diciendo “ven bendito de mi Padre, hereda el Reino, porque   y un largo etcétera formaban el aglomerado del madero. Tuvo que ser horrible… y Él lo abrazó
 tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, desnudo y me vestiste, enfermo o   para después cargarlo. Contemplar su caminar hacia el Calvario es volver a sentir la pequeñez del
 en la cárcel y viniste a verme…”  hombre y la grandeza de Dios, el abrazo del Padre ante la vuelta del hijo pródigo, el cordero a
 Y en este punto, como en la vida, como en nuestra vida, cada uno ha tenido ya que decidir   hombros del buen pastor que no quiere que ni una sola de sus ovejas se pierda. Qué torpes somos,
 con quién quiere estar: o con el mundo que se divierte condenando a Cristo, quitándose de en   Señor, seguimos sin entender nada, cuando en ti y sólo en ti nuestras preguntas cobran sentido:
 medio al que toca conciencias o sometiéndolo a la humillación extrema de ignorarlo como algo
 superfluo y pasajero; o con Cristo que da sentido a la vida y convierte el sufrimiento y la cruz en   Solo vas amor de amores con
 prenda de salvación, en faro de esperanza, en luz entre tanta tiniebla. ¿Quiero ser como uno más    el madero cargado quién te
 del pueblo y pasar desapercibido? Entonces debo gritar como ellos “Crucifícale, crucifícale” …
 Si no, debo llevar a Cristo por bandera, por espada y por escudo, en mi boca y en mi corazón,   hizo esto, Señor dime quién
 en mi relación con los hermanos, en mi trabajo, en la sociedad… Lo común es lo primero, sin   te ha flagelado,
 comprometerse, siendo bien quedas, políticamente correctos en función del sitio donde nos en-  ¿fueron quizá esos hombres
 contremos… En cambio, lo que da la felicidad es lo segundo pues todo este mundo pasa y solo   fueron los otros acaso?
 Dios queda.
 Doce apóstoles nombró Jesús, a uno lo nombró piedra de su Iglesia y éste le negó tres veces,   Dímelo tú, Nazareno
 otro lo vendió por treinta monedas de plata, los otros nueve se escondieron cobardemente. Lo ha-  dime quién te ha condenado
 bían visto curar enfermos, resucitar muertos, recubrirse de gloria refulgente en la transfiguración,
 multiplicar la pesca, los panes y los peces… pero ante la persecución corren a esconderse.  Y una voz cual suave brisa
 Sólo uno permanece fiel y llega hasta el pie de la Cruz, el mismo que se había recostado en    desde sus labios llagados
 su regazo durante la última Cena, el joven Juan. Él eligió bando: el de Cristo. En él vemos reflejada   con suspiro jadeante
 la constancia, la fidelidad, el seguimiento hasta el final. Al pie de la Cruz nos encontramos con
 la realidad propia del mundo: los que rechazan el amor de Dios, los que lo ignoran y los que se   de sangre, sudor y barro
 juegan la vida por acercarse hasta el mismo Cristo por muy lastimado que esté. Tú y yo podemos   se escucha en el silencio:
 hoy ser Juan. Ahí lo tienes acompañando a Cristo en el camino del Calvario; junto a la Cruz y ahí
 lo tienes en las misioneras de la Caridad acogiendo a mujeres y devolviendo la dignidad que la vida   - Déjalos ya, insensato.
 les había robado, en los hermanos de San Juan de Dios abrazando, vistiendo, dando de comer,   ¿Eres tú mejor que ellos?
 techo y amor a los que nada tienen y vagan por las calles, en las Hijas de la Caridad rodeadas de
 niños que merecen una oportunidad de ser felices y el cariño de una familia y en tantos y tantos   ¿Estás libre de pecado?
 otros… ¿De verdad quieres ser Juan? Puedes subir tú también al Calvario de tantos hermanos que
 lloran y que nadie los ve y estar a su lado, es la labor de los misioneros, los laicos comprometidos   Con tu avaricia y tu ira
 silenciosamente con los pobres, los enfermos, los despreciados y olvidados del mundo…  con tu soberbia y tu enfado
 Sigue habiendo hombres y mujeres valientes como Juan, como Verónica, que se dan del
 todo a todos, religiosos, padres de familia, personas de a pie, sacerdotes que, enamorados de Jesu-  con tu egoísmo cobarde esta
 cristo, al estilo de Mosén Sol y de tantos otros santos, lo hacen presente en la eucaristía, alimento    corona has trenzado, cada
 de cuerpo y alma, niños y jóvenes al servicio de la Iglesia, pastoral en las cárceles, centros de aten-  espina que se clava
 ción a enfermos de sida, leproserías, orfanatos y hospitales, colegios en los barrios más pobres y   es una ofensa al hermano
 marginados o a pie de playa cubriendo con una manta a esa madre que llega con un niño en brazos   a ese al que no perdonaste, al
 montada en una barcaza en busca de un futuro mejor.
 Entre tanta desesperanza en el mundo, sigue habiendo hoy hombres y mujeres decididos y   que has abandonado,
 valientes, dispuestos a dar su vida por seguirte y precisamente porque su vida consiste en ir detrás   al que olvidas dar el pan de
 de Cristo, salen al encuentro de esos cristos vivos de carne y hueso donde el mismo Cristo comple-  la escucha y el amparo
 ta su pasión. Es el pueblo de Dios, su Iglesia. Sólo hay que decidir: O con Cristo o sin Él y todo lo
 demás en la vida será consecuencia de esta decisión, si la respuesta es la de la caridad entonces allí   ¡Déjame Señor, no sigas!
 detrás del rostro herido del hermano te estará esperando la sonrisa de Dios.
 ¡Cuántas cruces se aprietan y compactan en la Cruz de Cristo! Son las nuestras, las que nos   pues por vergüenza aparto
 hacen caer una y otra vez, las que nos aplastan y hacen dudar…. Todas ellas las cargó Él, miradlo,   de mis ojos tu mirada
 Él. Todo Rey tiene una corona y un trono. El de Cristo es la Cruz, sus brazos siempre abiertos para   más te pido con mi llanto
 acoger, su corazón traspasado para que siempre pueda entrar en él aquello que nos preocupa, lo   que nunca apartes de mí
 que nos hace temblar… el Corazón de Cristo no se cierra, ni siquiera después de la Resurrección se   tus ojos ensangrentados.
 manifestó sin las señales de sus llagas… Es en la Cruz donde todo cobra sentido. ¿Cuánto pesó esa








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