Page 106 - Rosario Corinto 09
P. 106

No sufras más, no te rindas                                                   para describir este momento… Todo está cumplido. Tiembla la tierra, se nubla el cielo… El amor
                                                          no te sientas desolado                                                      de Dios ha vencido al mundo. Ha llegado el momento del amor sin medida. Nada más. Todo está
                                                        que llevo tu nombre escrito                                                   cumplido.
                                                        en la palma de mis manos,
                                                        con las que curé al ciego con                                                                                  Después se hizo el silencio
                                                        mi saliva y el barro; con las                                                                                   del drama en el Calvario;
                                                           que cogí el pan para                                                                                         ¡Qué caridad la de Dios!
                                                         quedarme a tu lado para                                                                                       ¡Con razón tres veces santo!
                                                         hacerme tu alimento tan                                                                                      que, en el momento sublime
                                                           sencillo, tan sagrado.                                                                                       del cielo oscuro y pardo,
                                                                                                                                                                          el del dolor infinito,
                                                          Prepárate con tu cruz,                                                                                         el del velo ya rasgado,
                                                         únela a la mía y vamos a                                                                                         en tu último suspiro
                                                            recorrer el camino                                                                                           nos dejas como tesoro
                                                          de la vida y de los años.                                                                                   como tu bien más preciado a
                                                        Tendrás tres, no, más caídas,                                                                                     María como Madre
                                                          pero al mirar a tu lado                                                                                      y tu cuerpo en el Sagrario.
                                                       sentirás que hay quien ayuda,
                                                      quien te levanta en sus brazos y                                                                                  ¡Qué decir, mi Nazareno
                                                          quien te mira a los ojos                                                                                       mi Jesús enamorado,
                                                          con cara de enamorado.                                                                                      si en tu cruz siento mi anhelo
                                                                                                                                                                        unido a ti por los clavos!
                                                                                                                                                                       Quiero ya vivir contigo no
                                                         No tengas miedo, soy Yo
                                                        quien en mi madero amarro                                                                                       fallar en este encargo de
                                                           tus peores desatinos                                                                                            serte fiel cada día,
                                                         tus lamentos más amargos                                                                                      de servirte en el hermano,
                                                          tus sinsentidos y penas                                                                                      de ponerme ante tu Cruz y
                                                        tus miedos y desencantos; y                                                                                       reconocer postrado
                                                             camino decidido                                                                                             que sin caridad no soy
                                                         con paso firme y descalzo                                                                                    más que un cacharro barato y
                                                      sintiendo sobre mis hombros que                                                                                     si en algo me glorío
                                                     antes de nacer te he amado, que ha                                                                               no es nada mío, eso es vano
                                                            merecido la pena,                                                                                         pues mi gloria y mi consuelo
                                                       que me doy por bien pagado                                                                                         eres Tú, crucificado.
                                                          cuando miras a la Cruz
                                                          y te sientes perdonado.                                                           Atrás quedaron los lamentos desgarrados del Calvario, atrás los gritos y los flagelos, los
                                                                                                                                      clavos y las espinas, la lanzada y el velo rasgado. Es la hora del silencio, la hora de la espera. El
                                                                                                                                      corazón de María Dolorosa ha sido traspasado por la espada del dolor. Queda el Sepulcro sellado y
                             Apenas unas horas antes, mientras cenaba con sus discípulos, trasladó al cenáculo el sacrifi-            la soledad de María en un llanto sereno y una mirada al cielo en cuyo interior resuena la Promesa
                        cio del Calvario y se quedó para siempre con nosotros. Altar y Cruz, Cruz y Altar, Cuerpo partido,            del Hijo. María, en silencio, contempla y adora…   Como en Nazaret, como en Ain Karem, como
                        Sangre derramada. En el Calvario, la locura de Dios por los hombres llegó a su extremo y en Cristo            en Belén, como en el templo, como en Egipto, como en Caná, como en la Vía Dolorosa, como en
                        reventó de amor. Se hizo al mismo tiempo, sacerdote, víctima y altar y reconcilió al hombre con               lo alto del Calvario… María contempla en su corazón, espejo del de su Hijo, adorando al Dios del
                        su Dios. Al Creador son su criatura en una nueva alianza sellada con la Sangre del Hijo. Por su               Magníficat que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Es la hora de la espera,
                        mente y su corazón pasamos cada uno de nosotros en este momento sublime y terrible. Cada uno                  la hora de la confianza, la hora de los creyentes, es la hora donde el “todo está cumplido” cobra un
                        de nosotros fue amado por Dios, en Cristo, en el madero santo de la redención. No hay palabras







               106                                                                                                                                                                                                            107
   101   102   103   104   105   106   107   108   109   110   111