Page 107 - Rosario Corinto 09
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No sufras más, no te rindas   para describir este momento… Todo está cumplido. Tiembla la tierra, se nubla el cielo… El amor
 no te sientas desolado  de Dios ha vencido al mundo. Ha llegado el momento del amor sin medida. Nada más. Todo está
 que llevo tu nombre escrito   cumplido.
 en la palma de mis manos,
 con las que curé al ciego con                  Después se hizo el silencio
 mi saliva y el barro; con las                  del drama en el Calvario;
 que cogí el pan para                            ¡Qué caridad la de Dios!
 quedarme a tu lado para                       ¡Con razón tres veces santo!
 hacerme tu alimento tan                       que, en el momento sublime
 sencillo, tan sagrado.                          del cielo oscuro y pardo,
                                                   el del dolor infinito,
 Prepárate con tu cruz,                           el del velo ya rasgado,
 únela a la mía y vamos a                          en tu último suspiro
 recorrer el camino                               nos dejas como tesoro
 de la vida y de los años.                     como tu bien más preciado a
 Tendrás tres, no, más caídas,                     María como Madre
 pero al mirar a tu lado                        y tu cuerpo en el Sagrario.
 sentirás que hay quien ayuda,
 quien te levanta en sus brazos y                ¡Qué decir, mi Nazareno
 quien te mira a los ojos                         mi Jesús enamorado,
 con cara de enamorado.                        si en tu cruz siento mi anhelo
                                                 unido a ti por los clavos!
                                                Quiero ya vivir contigo no
 No tengas miedo, soy Yo
 quien en mi madero amarro                       fallar en este encargo de
 tus peores desatinos                               serte fiel cada día,
 tus lamentos más amargos                       de servirte en el hermano,
 tus sinsentidos y penas                        de ponerme ante tu Cruz y
 tus miedos y desencantos; y                       reconocer postrado
 camino decidido                                  que sin caridad no soy
 con paso firme y descalzo                     más que un cacharro barato y
 sintiendo sobre mis hombros que                   si en algo me glorío
 antes de nacer te he amado, que ha            no es nada mío, eso es vano
 merecido la pena,                             pues mi gloria y mi consuelo
 que me doy por bien pagado                        eres Tú, crucificado.
 cuando miras a la Cruz
 y te sientes perdonado.   Atrás quedaron los lamentos desgarrados del Calvario, atrás los gritos y los flagelos, los
               clavos y las espinas, la lanzada y el velo rasgado. Es la hora del silencio, la hora de la espera. El
               corazón de María Dolorosa ha sido traspasado por la espada del dolor. Queda el Sepulcro sellado y
 Apenas unas horas antes, mientras cenaba con sus discípulos, trasladó al cenáculo el sacrifi-  la soledad de María en un llanto sereno y una mirada al cielo en cuyo interior resuena la Promesa
 cio del Calvario y se quedó para siempre con nosotros. Altar y Cruz, Cruz y Altar, Cuerpo partido,   del Hijo. María, en silencio, contempla y adora…   Como en Nazaret, como en Ain Karem, como
 Sangre derramada. En el Calvario, la locura de Dios por los hombres llegó a su extremo y en Cristo   en Belén, como en el templo, como en Egipto, como en Caná, como en la Vía Dolorosa, como en
 reventó de amor. Se hizo al mismo tiempo, sacerdote, víctima y altar y reconcilió al hombre con   lo alto del Calvario… María contempla en su corazón, espejo del de su Hijo, adorando al Dios del
 su Dios. Al Creador son su criatura en una nueva alianza sellada con la Sangre del Hijo. Por su   Magníficat que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Es la hora de la espera,
 mente y su corazón pasamos cada uno de nosotros en este momento sublime y terrible. Cada uno   la hora de la confianza, la hora de los creyentes, es la hora donde el “todo está cumplido” cobra un
 de nosotros fue amado por Dios, en Cristo, en el madero santo de la redención. No hay palabras







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