Page 104 - Rosario Corinto 09
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la dignidad que en ti permanece intacta, podré encontrar en sus ojos los tuyos y en sus labios el             cruz si en ella iban los pecados del mundo? Infidelidades, traiciones, envidias, orgullos, mentiras
                        susurro de esa voz que acaricia el alma diciendo “ven bendito de mi Padre, hereda el Reino, porque            y un largo etcétera formaban el aglomerado del madero. Tuvo que ser horrible… y Él lo abrazó
                        tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, desnudo y me vestiste, enfermo o               para después cargarlo. Contemplar su caminar hacia el Calvario es volver a sentir la pequeñez del
                        en la cárcel y viniste a verme…”                                                                              hombre y la grandeza de Dios, el abrazo del Padre ante la vuelta del hijo pródigo, el cordero a
                             Y en este punto, como en la vida, como en nuestra vida, cada uno ha tenido ya que decidir                hombros del buen pastor que no quiere que ni una sola de sus ovejas se pierda. Qué torpes somos,
                        con quién quiere estar: o con el mundo que se divierte condenando a Cristo, quitándose de en                  Señor, seguimos sin entender nada, cuando en ti y sólo en ti nuestras preguntas cobran sentido:
                        medio al que toca conciencias o sometiéndolo a la humillación extrema de ignorarlo como algo
                        superfluo y pasajero; o con Cristo que da sentido a la vida y convierte el sufrimiento y la cruz en                                           Solo vas amor de amores con
                        prenda de salvación, en faro de esperanza, en luz entre tanta tiniebla. ¿Quiero ser como uno más                                               el madero cargado quién te
                        del pueblo y pasar desapercibido? Entonces debo gritar como ellos “Crucifícale, crucifícale” …
                        Si no, debo llevar a Cristo por bandera, por espada y por escudo, en mi boca y en mi corazón,                                                 hizo esto, Señor dime quién
                        en mi relación con los hermanos, en mi trabajo, en la sociedad… Lo común es lo primero, sin                                                         te ha flagelado,
                        comprometerse, siendo bien quedas, políticamente correctos en función del sitio donde nos en-                                                  ¿fueron quizá esos hombres
                        contremos… En cambio, lo que da la felicidad es lo segundo pues todo este mundo pasa y solo                                                      fueron los otros acaso?
                        Dios queda.
                             Doce apóstoles nombró Jesús, a uno lo nombró piedra de su Iglesia y éste le negó tres veces,                                                Dímelo tú, Nazareno
                        otro lo vendió por treinta monedas de plata, los otros nueve se escondieron cobardemente. Lo ha-                                              dime quién te ha condenado
                        bían visto curar enfermos, resucitar muertos, recubrirse de gloria refulgente en la transfiguración,
                        multiplicar la pesca, los panes y los peces… pero ante la persecución corren a esconderse.                                                     Y una voz cual suave brisa
                             Sólo uno permanece fiel y llega hasta el pie de la Cruz, el mismo que se había recostado en                                                 desde sus labios llagados
                        su regazo durante la última Cena, el joven Juan. Él eligió bando: el de Cristo. En él vemos reflejada                                             con suspiro jadeante
                        la constancia, la fidelidad, el seguimiento hasta el final. Al pie de la Cruz nos encontramos con
                        la realidad propia del mundo: los que rechazan el amor de Dios, los que lo ignoran y los que se                                                 de sangre, sudor y barro
                        juegan la vida por acercarse hasta el mismo Cristo por muy lastimado que esté. Tú y yo podemos                                                  se escucha en el silencio:
                        hoy ser Juan. Ahí lo tienes acompañando a Cristo en el camino del Calvario; junto a la Cruz y ahí
                        lo tienes en las misioneras de la Caridad acogiendo a mujeres y devolviendo la dignidad que la vida                                             - Déjalos ya, insensato.
                        les había robado, en los hermanos de San Juan de Dios abrazando, vistiendo, dando de comer,                                                     ¿Eres tú mejor que ellos?
                        techo y amor a los que nada tienen y vagan por las calles, en las Hijas de la Caridad rodeadas de
                        niños que merecen una oportunidad de ser felices y el cariño de una familia y en tantos y tantos                                                 ¿Estás libre de pecado?
                        otros… ¿De verdad quieres ser Juan? Puedes subir tú también al Calvario de tantos hermanos que
                        lloran y que nadie los ve y estar a su lado, es la labor de los misioneros, los laicos comprometidos                                            Con tu avaricia y tu ira
                        silenciosamente con los pobres, los enfermos, los despreciados y olvidados del mundo…                                                          con tu soberbia y tu enfado
                             Sigue habiendo hombres y mujeres valientes como Juan, como Verónica, que se dan del
                        todo a todos, religiosos, padres de familia, personas de a pie, sacerdotes que, enamorados de Jesu-                                           con tu egoísmo cobarde esta
                        cristo, al estilo de Mosén Sol y de tantos otros santos, lo hacen presente en la eucaristía, alimento                                           corona has trenzado, cada
                        de cuerpo y alma, niños y jóvenes al servicio de la Iglesia, pastoral en las cárceles, centros de aten-                                           espina que se clava
                        ción a enfermos de sida, leproserías, orfanatos y hospitales, colegios en los barrios más pobres y                                              es una ofensa al hermano
                        marginados o a pie de playa cubriendo con una manta a esa madre que llega con un niño en brazos                                               a ese al que no perdonaste, al
                        montada en una barcaza en busca de un futuro mejor.
                             Entre tanta desesperanza en el mundo, sigue habiendo hoy hombres y mujeres decididos y                                                      que has abandonado,
                        valientes, dispuestos a dar su vida por seguirte y precisamente porque su vida consiste en ir detrás                                           al que olvidas dar el pan de
                        de Cristo, salen al encuentro de esos cristos vivos de carne y hueso donde el mismo Cristo comple-                                               la escucha y el amparo
                        ta su pasión. Es el pueblo de Dios, su Iglesia. Sólo hay que decidir: O con Cristo o sin Él y todo lo
                        demás en la vida será consecuencia de esta decisión, si la respuesta es la de la caridad entonces allí                                          ¡Déjame Señor, no sigas!
                        detrás del rostro herido del hermano te estará esperando la sonrisa de Dios.
                             ¡Cuántas cruces se aprietan y compactan en la Cruz de Cristo! Son las nuestras, las que nos                                               pues por vergüenza aparto
                        hacen caer una y otra vez, las que nos aplastan y hacen dudar…. Todas ellas las cargó Él, miradlo,                                               de mis ojos tu mirada
                        Él. Todo Rey tiene una corona y un trono. El de Cristo es la Cruz, sus brazos siempre abiertos para                                            más te pido con mi llanto
                        acoger, su corazón traspasado para que siempre pueda entrar en él aquello que nos preocupa, lo                                                  que nunca apartes de mí
                        que nos hace temblar… el Corazón de Cristo no se cierra, ni siquiera después de la Resurrección se                                              tus ojos ensangrentados.
                        manifestó sin las señales de sus llagas… Es en la Cruz donde todo cobra sentido. ¿Cuánto pesó esa








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