Page 98 - Rosario Corinto 09
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blico. No está de moda, no es políticamente correcto…                                                                                                 Tu diestra
                                                                                                                                                                          se extendía plácida
                                                         ¡Haznos, ¡Señor, benditos!                                                                                  enseñándonos sobre su palma,
                                                     ¿Haznos benditamente incorrectos!                                                                                   toda blanca de nácar,
                                                           Ahora que no hay luz                                                                                        la rosa purpúrea más bella
                                                            haznos cirio tuyo;                                                                                             de todo el jardín.
                                                        ahora que reina la oscuridad
                                                       haznos dignos de llevarte vivo                                                                                      Había luna clara
                                                            en nuestras vidas.                                                                                          y el frío nos estremecía.
                                                    No te pesen nuestros silencios, Señor,
                                                      como la losa que hoy te esconde.                                                      Epílogo: La Luz
                                                                                                                                            El vacio, el silencio, la ausencia de Dios en el Sábado Santo no es sólo una cuestión reme-
                             El monumento                                                                                             morativa; no afecta sólo a la Jerusalén histórica sino, más bien, a todo el orbe. Es el vacío nihilista
                             En la tierra palestina, sequedad terrosa que convierte a Jerusalén en un oasis auténtico en              de nuestra sociedad que vive permanentemente en una experiencia constante del olvido de Dios.
                        medio de la desolación, se conoce bien el efecto fértil del agua en las huertas feraces. Sabemos bien         En la experiencia del Sábado Santo que es nuestra vida Dios permanece oculto. Su presencia incó-
                                                                                                                                      moda ha llevado a su ocultamiento dentro de todo devenir social. La Cruz es motivo de escándalo,
                        de esta similitud con nuestra tierra donde los registros bíblicos de desiertos cosidos entre terrales         lo era en el Imperio Romano, lo es hoy en nuestro mundo de comodidades. En todo él la luz de
                        blancos, yermos y esteparios es igualmente una seña de identidad. La efigie de la desolación del              Cristo permanece eclipsada bajo una persistente losa que lo relega a una cuestión incómoda y ca-
                        mundo es bien cierta ahora pese a la lluvia de la tarde de Viernes Santo. Pero, es cierto, también
                        esa desolación puede germinar por medio del bautismo en la feracidad fecunda de los campos.                   duca: ¡sí! Dios muere porque nosotros lo seguimos matando con el mal ejemplo de nuestras vidas.
                             Y también aquella perspectiva, con el horizonte cercano de Betania tras el Monte de los                        En las décadas pasadas la noche de Viernes Santo era el tiempo de la celebración de las
                        Olivos, nos trae cercanamente la imagen de la resurrección de Lázaro. Los afeites caros de María              Tinieblas. Las trece luces del tenebrario iban apagándose con el discurrir constante e imparable de
                                                                                                                                      los improperios. Al final, tan solo quedaba en la cúspide el cirio central, llamado por el pueblo “La
                        son ahora las fragancias que el chubasco ha ganado a los arbustos del campo. ¡Tantas veces pre-               María”. Ya casi nadie se acuerda de este ritual, aunque está recomendado su uso para esas horas
                        conizó Cristo su muerte con la gravedad solemne de sus gestos y de sus palabras! Ahora conviene               augustas. Pero en nuestro mundo se ha venido haciendo progresivamente la oscuridad, el imperio
                        leer también más allá de la apariencia de aquellos ungüentos sabiendo del inmenso poder que se                absoluto de la tiniebla y la desesperanza: oh, sí, “Dios ha muerto” se oye en las voces de los filó-
                        esconde bajo la losa. Florece, más bien, dentro de la amarga quietud de la muerte un silencio au-             sofos mientras el mundo se apresura a vivir conforme a ese abatimiento: alienado y absurdamente
                        gusto donde florece arraigada la esperanza.                                                                   abocado a una tristeza vital que conduce a la nada.
                             La expectativa del triunfo de la luz y la primavera de la vida ha germinado en el silencio
                                                                                                                                            Y no nos damos cuenta que hoy al igual que ayer pocas cosas han cambiado: que la vida es
                        desolado de un campo de muerte. Pero, por ahora, tan sólo se intuye el milagro por medio de la                el mismo camino de siempre y que, como en aquel Oficio de Tinieblas, la luz de la Virgen también
                        mansedumbre del silencio.                                                                                     puede ser ocultada –tantas modas, tanta materialidad así lo quieren- pero no se apaga. Nunca cesa
                             Los primeros santos del cristianismo gustaban por ello, precisamente, de la renuncia terrena             el fuego que alumbra a los cristianos. La luz de Nuestra Madre es el faro que siempre alumbra y
                        y de la soledad en el desierto donde, al igual que Cristo, mejor se escucha la voz del Padre. Yermos          que presta su guía para no naufragar en un océano de dificultades.
                        de la naturaleza, desiertos para que el alma resplandezca y se salve. ¡Oh, sí!¡El silencio es el canto              En esa niebla densa y la foscura que ha sido el Calvario también María ha seguido siendo
                        íntimo que llama a la salvación!¡El aliento regio que despierta de la boca del esposo!¡El regusto             el vértice. También desde la cima ha llamado a los justos que han acudido “en la esperanza del
                        inquieto del agua que mana de la fuente para hacer brotar la vida!                                            Reino” para hacer la obra suprema de la Caridad. En efecto, la sepultura que precisa el cadáver del
                             El cuerpo del Señor, del héroe derribado, reposa en estas horas en el oloroso jardín. La                 proscrito, del que ha muerto en el signo del escándalo y contraviniendo todo orden de la lógica, no
                        primavera ha preparado sus esencias para adornar al esposo muerto. Lo ha colmado de fragancias                ha sido relegada al clásico abandono en la fosa común a que acostumbraban los romanos.  Aquellos
                        como a rey, dejándolo firme sobre la losa rígida en el umbral que parte de la tierra al abismo.               hombres justo que no sólo esperaban, sino que ya vivían ellos mismos en el Reino sabían que no
                             El precioso adorno del búcaro de flores y ramas prendadas de sustancia del huerto de Arima-              cabía la indiferencia ante la soledad del cuerpo inerte de Cristo.
                        tea es el salón donde sólo las aves suplen, en la tranquilidad somnolente del sabbath, el bramido de                El justo había de tener un “entierro de rey”, sepulcro nuevo excavado en roca virgen y
                        los sayones. La muerte ha dado a Cristo la paz, la quietud serena tras el violento martirio.                  cantidad de ungüentos para la purificación del cadáver. Bien sabemos que esto último sólo podía
                                                                                                                                      conservar el cadáver, pero nunca devolverle la vida. La racionalidad humana condenaría este de-
                                                         ¿Recuerdas aquella noche                                                     rroche suntuario: ¿acaso no recordamos ya la escena de Betania? María, la contemplativa hermana
                                                            en que el sudario                                                         de Lázaro bien comprendía lo que el culto del Cuerpo de Cristo requería. Pues Jesús no era sino el
                                                                                                                                      Hijo del Dios vivo y honrarle como tal era y es preciso. Aquí, nuestro juicio material nos condu-
                                                             donde dormías                                                            ciría al papel oscuro de Judas: “bien podríamos emplearlo en dar de comer a los pobres”. ¿Cuántas
                                                         era todo de acantos azules                                                   veces no nos cruzamos con esta perspectiva que sabemos errada? Y, sin embargo, es Cristo quien
                                                                 y lino?                                                              nos responde: “Dad a Dios lo que es de Dios”.









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