Page 48 - Rosario Corinto 10
P. 48

SídmebloalVosirygerneliMquariaías

                                                                                     Agustín Alcaraz Peragón
                                                                                          Historiador del Arte

                                                  Comisario General de la Cofradía Marraja (Cartagena)

    Desde sus primeros años, la simbología siempre ha tenido un papel más que desta-
                             cado en cristianismo; no hay más que recordar los tiempos de la persecución en
                             Roma, en cuyas catacumbas encontramos multitud de símbolos con los que se
           identificaron los primeros seguidores de Jesús. De hecho, la misma cruz se ha convertido en un
           emblema de los cristianos, no sólo como el lugar en que Cristo venció a la muerte, sino como el
           distintivo máximo de quienes seguimos su mensaje.
                   En este contexto, no es de extrañar que la devoción a la Virgen haya forjado, a lo largo de
           los siglos, un buen número de símbolos con los que hacer alusión a Ella o a las muchas virtudes
           que representa, muchos de ellos presentes en los nombres con que es llamada en las letanías del
           Santo Rosario.
                   Pero será a partir del siglo XV cuando comencemos a ver cómo esos símbolos marianos
           aparezcan en diversas oraciones y también en las representaciones artísticas de la Virgen.
                   En 1476, el papa Sixto IV aprueba un oficio, escrito por Leonardo de Nogarolis, llamado
           ‘Sicut lilium’ (Como el lirio) para el culto a María. Y en él encontramos ya algunos nombres que,
           como símbolo, acompañarán las representaciones marianas: los tres lirios serán símbolo de pureza;
           son tres por su triple condición inmaculada: virgen antes, durante y después de dar a luz (esos
           tres lirios darán origen a la flor de lis). La Virgen es llamada Reina del Cielo, por lo que aparecerá
           coronada en sus representaciones, dando además origen a numerosas obras con la temática de la
           coronación. Y también surge la denominación de Estrella de la mañana, surgiendo el símbolo de
           una estrella, por lo general de ocho puntas, que representa la estrella matutina o lucero del alba;
           también la Estrella de los mares (“La estrella superior, que es la bienaventurada Virgen, nos conduce a
           Cristo” como escribiese San Buenaventura).
                   A partir de ese momento se multiplican los símbolos de la Virgen, muchos presentes en las
           letanías que se rezan y que se irán ligando al rezo del rosario, mientras otros sólo aparecen en el
           Arte.
                   Entre los primeros estaría el espejo (Espejo de justicia o Espejo sin mancha) que definirá San
           Juan Pablo II en su encíclica ‘Redemptoris Mater’ (“entre todos los creyentes es como un espejo, donde
           se reflejan las maravillas de Dios”). También una fuente o un pozo (fuente sellada, fuente de sabi-
           duría, pozo de aguas vivas). Fuente o pozo sellados como atributo –nuevamente- de la virginidad
           y fuente o vaso (“vaso espiritual, vaso honorable, vaso insigne de devoción”) pues de Ella salió el agua
           viva que es Cristo (“el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Jn
           4, 14). María es trono, el de la sabiduría, pues en ella se asentó el mismo Dios. Y rosa (Rosa Mística,
           letanía que fue añadida al rezo del Rosario por Pío XII) y flor que ya en el Antiguo Testamento

48
   43   44   45   46   47   48   49   50   51   52   53