Page 49 - Rosario Corinto 10
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es mencionada por su singularidad y considerada símbolo de maternidad. A la virginidad hacen
referencia símbolos como la torre (Torre de David, Torre de Marfil), que además de ser iconográ-
ficamente habitual para resaltar la virginidad es, en el caso de María, de marfil por su blancura y
brillo. Y de nuevo a haber albergado a Jesús una casa (Casa de oro), que deslumbra por su pureza y
Arca de la Alianza, donde Dios depositó su alianza con los hombres.

       A su condición de mediadora de los hombres ante Dios Padre se refieren otros símbolos
como una puerta (Puerta del Cielo) y una escalera (la Escalera de Jacob, por la que se accedía al
Cielo).

       Junto a todos estos símbolos, las representaciones artísticas de la Virgen, en pinturas rena-
centistas y barrocas, en retablos y altares consagrados a Ella, nos muestran otros que se identifican
con María. Es el caso de los árboles (palmera, ciprés, cedro) como también un huerto cerrado. Una
ciudad o un templo (Ciudad de Dios, Templo de Dios), pues Jesús vivió en ella, en su seno, serían
símbolos similares a la mencionada casa.

       Al margen de las mencionadas alegorías hay otros muchos distintivos unidos a la Virgen.
Ya he mencionado anteriormente la coronación como Reina del Cielo, en cuyas representaciones
se emplean diversos tipos de coronas, en función de la época o el ámbito en que se realiza para ser
identificada visualmente como reina. Las coronaciones de diversas imágenes a lo largo del último
siglo suelen emplear una corona real, pero no podemos olvidar como su símbolo más característico
la de doce estrellas.

       Parte ésta de lo escrito por San Juan en el Apocalipsis: “una gran señal apareció en el cielo:
una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. De
ahí parten las representaciones de la Virgen como el Sol, la Luna o la corona con doce estrellas.
El Sol será en el arte muy similar a la estrella antes mencionada (estrella de la mañana) o al color
dorado que emana de su interior. La Luna bajo sus pies, como un creciente que originalmente se
presentaba hacia abajo, incluso como parte de una esfera completa. Sería al pasar de la pintura a la
escultura cuando comenzó a mostrarse en una disposición en que las puntas de esta Luna se elevan
a ambos lados de los pies de la Virgen. También del Apocalipsis parte la iconografía de presentarla
pisando una serpiente.

       Continuando con la simbología mariana es igualmente necesario hacer mención de los Siete
Dolores, cuya alegoría es el corazón traspasado por siete puñales, pero que permite otros enfoques
diferentes. Los tres primeros dolores (profecía de Simeón, huida a Egipto y pérdida del Niño Jesús
en el templo) quedan fuera de la narración de la Semana Santa, pero en muchas imágenes sí en-
contraremos un corazón con cuatro puñales, cuando la Virgen encuentra a su Hijo o recorre con
Él la calle de la Amargura. Cinco en el Calvario por la Agonía y Muerte y seis en el caso de repre-
sentaciones de la Piedad que acoge en sus brazos el cuerpo de Cristo. También podemos encontrar
cómo se “resumen” esos dolores con un único puñal que, en este caso no se clava sobre un corazón
en oro o plata sobre la imagen de la Virgen, sino que se introduce directamente en la talla.

       Y quizá por último cabría destacar otro símbolo que hoy se ha convertido quizá en el más
extendido, el anagrama del Ave María, uniendo las letras iniciales de ambas palabras. Suele incluir
en el mismo una estrella y estar situado en las más de las ocasiones por una corona real. Como
sabemos son las palabras con las que el arcángel San Gabriel saludó a la Virgen en la Anunciación
y que dan nombre igualmente a la oración más difundida, junto a la Salve, dedicada a la Virgen.

       Las reliquias de la Virgen María
       Junto a estos muchos símbolos que encontramos en las representaciones artísticas que a lo
largo de los años han mostrado la devoción mariana de los hombres encontramos también otros
muchos objetos que han suscitado dicha devoción. Me refiero a las reliquias.
       Las reliquias, los restos físicos o los objetos ligados a un santo, son una parte importante de
la devoción popular, fomentada por la Iglesia para venerar a Cristo, la Virgen o los santos.
       Si bien muchas pertenecen a los restos de un santo, otras, las más antiguas, tienen sus raíces
en una tradición que atribuye la pertenencia de éstas a objetos relacionados con Jesús. Conocidos

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