Page 60 - Rosario Corinto 10
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de 1881. (Bogarín, 1996, p. 465).
                   La Cofradía de Santísimo Cristo de la Caridad a pesar de que pudiera parecer una incon-

           gruencia o paradoja, dado que es una de las asociaciones pasionarias más joven de la ciudad, argu-
           menta su solicitud para la concesión del título de Archicofradía en aspectos fundamentales como:
           la caridad y su propia historia.

                   Desde su fundación fue la pieza básica del inicio de tales prácticas en la ciudad, extendién-
           dose al resto de cofradías hermanas, cumpliendo así con su original constitución y con el directorio
           diocesano de la Hermandades y Cofradías, en su apartado número 15, donde señala: La práctica de
           la caridad cristiana es uno de los valores más profundamente evangélicos y jamás debiera estar ausente
           de nuestras hermandades y cofradías. Ante los casos de necesidad, jamás se debiera dar preferencia a
           gastos superfluos de tronos e imágenes, sabiendo que la imagen viva de Cristo son los pobres. (Azagra,
           1991, p.3).

                   En el ámbito histórico, la Cofradía corinta de la Caridad, ha recuperado dos de las antiguas
           Hermandades de gran importancia en la ciudad de Murcia, la Cofradía del Santísimo Sacramento
           y Benditas Ánimas del Purgatorio, cuya sede se encontraba en la misma del Templo de Reparadores
           de Santa Catalina, y entre cuyos personajes ilustres figuraban como mayordomos, Vicente Domin-
           go Nicolás Salzillo y Gallo. De hecho, la imagen titular se le atribuye a este escultor, el Santísimo
           Cristo de la Paciencia, que representa un Ecce-Homo sedente, con la caña en la mano y coronado
           de espinas, de gran belleza y de magistral estudio anatómico. (Barceló, 2006, p. 59). Fue en el año
           1757, cuando Francisco Salzillo Alcáraz, hijo de Nicolás, solicitó a la Cofradía la mayordomía
           vacante que había dejado su difunto padre, fue admitido con el abono de la correspondiente cera
           anual.

                   La Hermandad Sacramental de Santa Catalina fue de las más importantes de la ciudad, ex-
           tendiéndose por todas las parroquias urbanas y rurales, donde poseían una hermandad de ánimas
           unidas a la Hermandad del Santísimo Sacramento, las cuales eran de carácter secular, con vincula-
           ción a las parroquias y no a conventos u órdenes.

                   Fue tal la actividad de la Hermandad que se vio obligada a tener libros de registros para el
           control de las propiedades que ostentaba. Un ejemplo, fue en el año 1676, su mayordomo Anto-
           nio Usón, hizo la petición de un traslado de la escritura de compra de la capilla del Santo Cristo,
           que adquirió al Hospital Provincial de San Juan de Dios, con una bóveda de enterramiento, donde
           se puede leer: para juntarlo con los demás títulos de dicha Cofradía. (AHPM, notario Juan de Egea,
           947/547 bis. Conocemos que la Cofradía del Sacramento recaudaba en 1771, 5.673 reales, siendo
           una de las de mayores ingresos de la ciudad. (Saavedra, 1995, p. 92).

                   La implantación de cofradías marianas estuvo muy arraigada en la ciudad de Murcia y la ad-
           vocación más solicitada fue la correspondiente a Nuestra Señora del Rosario, contando con setenta
           y una hermandades en el antiguo reino de Murcia. Conocemos que sus comienzos se prodigan
           por la Orden de Predicadores en sus conventos, instituyendo cofradías de fieles bajo la advocación
           de Santa María; y fue uno de sus impulsores más destacados San Pedro de Verona. Gracias a la
           labor ingente del P. Gilles Gerard Meersseman, hoy es posible conocer al detalle la historia de las
           antiguas cofradías dominicanas desde el siglo XIII, especialmente las italianas quince en total, y
           particularmente el papel fundamental desempeñado por fray Alano de Rupe para la institución
           de las cofradías del Rosario, dieciseís. El precedente inmediato fue la fundada por fray Alano en
           la ciudad holandesa de Douai en 1470, con el título de Cofradía de la Virgen y Santo Domingo,
           cuyos hermanos tenían la obligación cotidiana del rezo del salterio mariano; y podían formar parte
           de ella tanto hombres como mujeres, y todos participaban de los bienes espirituales de la Congre-
           gación holandesa de la Orden Dominicana por concesión de su Vicario General, Juan Excuria,
           fechada el 15 de mayo de 1470. Fray Alano falleció en Zwolle, en la víspera de la institución de la
           primera Cofradía del Rosario, con este título propiamente y aprobación pontificia. (Alonso, 1913,
           pp. 5-7).

                   En la Iglesia de Santa Catalina, se encontraba una de las cofradías más importantes del reino
           de Murcia, tal y como describe Javier Fontes y Ponte en su libro España Mariana, con un trono de

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