Page 57 - Rosario Corinto 10
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 Todos los que hemos asistido a presenciar los cortejos procesionales o hemos salido
                en ellos, hemos reparado en el detalle de que delante de los pasos, o detrás de los
                mismos, siempre aparecen personas (normalmente jóvenes), que van revestidos con
vestiduras completamente diferentes al resto de los participantes, y que desempeñan una función
litúrgica concreta, ya puede ser portando ciriales, turíbulo, naveta o un cirio, estas personas son los
“acólitos”, y en este artículo nos centraremos en ellos.
       Es de tiempos antiquísimos el que, para dignificar el culto a Dios, algunas funciones litúr-
gicas están reservadas a los fieles laicos, de una forma estable, llegando con el tiempo a considerar
como instituciones propias a la recepción de las sagradas ordenes, por este motivo son conocidas
como “órdenes menores”, una de ellas es el acolitado, del que pasaremos a hablar.
       El acólito es aquél fiel laico al que se le confiere el servicio de altar, ayudando siempre al
diácono y al sacerdote en las celebraciones litúrgicas, especialmente los podremos ver en la Santa
Misa y en los cultos tanto internos como externos de nuestras cofradías.
       La palabra acólito viene del griego “akolouthos”, y significa: “el que acompaña”, tienen un
rito de institución propia, al que pueden optar tanto fieles laicos que vayan a ser ordenados a órde-
nes mayores como fieles que no optan a recibir las sagradas órdenes. También obtienen el nombre
de “servidores de altar”, y cuando son de corta edad, se les denomina “monaguillos”1.
       Entre las funciones que desempeña el acólito, está la de llevar la cruz, los cirios, el incen-
sario, la naveta… y esas son las funciones que desempeñan los acólitos durante las procesiones,
en las que los solemos ver delante de los pasos o detrás acompañando al sacerdote que preside el
discurrir del cortejo2.
       En cuanto a las vestiduras de estos ministros, su atavío propio es el alba blanca, ceñida por
un cíngulo en la cintura, aunque se puede emplear cualquier otra vestidura que esté legítimamente
aprobada en cada región, como por ejemplo la sotana negra y el sobrepelliz o roquete encima3. Así
como, por ejemplo, también solemos ver en nuestros cortejos a acólitos revestidos con dalmática,
que no es una prenda propia del acólito, sino del diácono. Esto se debe a un privilegio concedido a
la Iglesia de España, no poco polémico, pues existieron en siglos anteriores varios litigios acerca de
su uso por ministros no ordenados, costumbre que se ha perpetuado en el tiempo y que era común
verlo en muchas catedrales españolas, perpetuándose la costumbre que ha llegado hasta nuestros

1Liturgia Papal (2017, 3 julio).
2Instrucción General del Misal Romano, 100.
3Instrucción General del Misal Romano, 338.

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