Page 62 - Rosario Corinto 10
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Algo estamos haciendo mal
Joaquín Bernal Ganga
Historiador del Arte
Muchas veces me pregunto si las generaciones de nazarenos murcianos del siglo
XVIII hasta nuestros abuelos se sentirían orgullosos de lo que es hoy la Semana
Santa de Murcia en la base artística, y me retrotraigo al siglo XVIII como el gran
momento histórico-artístico de nuestras cofradías, pero, como ya saben, la semana santa murciana
tiene unos “añicos” más.
Quería compartir con ustedes este año, desde las páginas que me brinda mi querida Co-
fradía de la Caridad, un pensamiento abierto de lo que hubo y hay, ya que lo que habrá se me
escapa ahora mismo de las manos y es que creo, personalmente que algo estamos haciendo mal, de
manera generalizada, sin incidir en casos particulares.
Vemos como las cofradías y hermandades de nuestra ciudad siguen acumulando un inte-
resante patrimonio escultórico -salvo aberrantes excepciones- y aquellas piezas que por su poco
interés artístico o que no agradaban a los ojos de los cofrades ha sido sustituido, en la mayoría de
los casos, por piezas de mayor calidad, reponiendo aquellas imágenes en otros lugares o han sido
almacenadas como parte de la historia que un día escribieron participando de nuestros cortejos
en pos de unas tallas de mejor gusto común o de mayor calidad artística, si bien, a lo largo de
nuestra historia ya hemos contemplado aquellos ejemplos en los que las cofradías y hermandades
de nuestra ciudad hicieron todo lo contrario basándose en el gusto ya citado de los cofrades. El
ejemplo más veces nombrado para este tipo de acción sería aquel rechazo que produjo el impopu-
lar Cristo de la Humillación o de la Pera, de Garrigós, dentro del seno de la Cofradía del Perdón,
siendo una obra artística de gran calado religioso y de una profesionalidad abrumadora, pero el
gusto primó sobre lo artísticamente correcto, pudiendo destacar, de la misma cofradía el paso de
la Verónica, que a muchos murcianos sigue causando un impacto cercano al rechazo pero que en
muchas ocasiones, explicando la obra, poniéndola en contexto y destacarla como unas de las piezas
escultóricas más destacables de aquella segunda mitad del siglo XX hace que esas mismas personas
que “no la entendían” la vean con buenos ojos, por ponerles un par de ejemplos.
Dejando la escultura a un lado, pues actualmente es el campo mejor tratado de las artes
aplicadas a las cofradías y hermandades en nuestra ciudad, quizás deberíamos llamar la atención en
el mundo de las artes suntuarias que tanta importancia “invisible” tienen en el arte sacro cofrade.
Invisible ¿por qué? Reflexionemos ¿cuántas veces se han detenido en fijarse en un textil como en
la túnica que Jesús lleve en la mañana del Viernes Santo? ¿y en qué diadema sale sobre las sienes
de la Virgen de las Angustias de los Servitas este año? ¿cuál es su estandarte favorito de la Semana
Santa? ¿en cuántos estandartes se fijan? ¿y en el repujado de la vara y cruceta que lo sostiene? Y así
un largo etcétera de nuestra Semana Santa de esas artes “invisibles” que son más importantes de lo
que nos pensamos.
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