Page 88 - Rosario Corinto 10
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Raúl Pérez Bonmatí
Historiador del Arte
En la religión católica, las «Virtudes Teologales» son aquellos dones que Dios infunde
en la inteligencia y en la voluntad de las personas, con el fin de dirigir sus acciones ha-
cia Dios mismo. Estas virtudes son frecuentemente citadas en el Nuevo Testamento,
particularmente en la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, 13, 13. Son tres, la Fe,
la Esperanza y la Caridad, y se supone que son recibidas por todos los cristianos en el momento del
bautismo. Debido a su importancia, las Virtudes Teologales han sido profusamente representadas
en las obras de arte religioso de todas las épocas y estilos. Como se trata de conceptos abstractos, la
iconografía ha recurrido al uso de alegorías para poder hacerlos visibles.
La primera referencia en la representación de la Caridad tiene un origen antiguo, siendo la
más lejana en el tiempo la “Caritas romana” [Fig. 1], una representación moralizante que se pin-
taba en casas en el primer siglo de la era cristiana, y que contaba la historia de un anciano llamado
Cimón, condenado a morir por inanición, y que era alimentado en secreto por su hija Pero, que lo
amamantaba con la leche de sus pechos para mantenerlo con vida. Al ser descubiertos por el car-
celero, el acto de caridad de la hija para con su padre, conmovió tanto a los jueces que decidieron
liberarlo, presentado como un gran acto de pietas.
El tema lo recogen numerosos artistas de los siglos XVII y XVIII, entre ellos, Caravaggio,
en su retablo de las Siete obras de misericordia (1606/1607), para la cofradía del “Pio Monte della
Misericordia” en Nápoles. Rubens lo pinta en al menos dos ocasiones, incluyendo el cuadro Caritas
romana (c. 1612) [Fig. 2], y Cimón y Pero (1630). Un dibujo atribuido a Murillo (1617-1682),
corresponde, supuestamente, a un cuadro del artista español, La caridad romana, que perteneció
a la colección de Godoy, junto con la Venus del espejo, de Velázquez, y las dos Majas de Goya.
En el siglo XVI, Cesare Ripa en su obra Iconología, va a tomar esta historia como alegoría
de la Caridad, pero con variantes que van de acuerdo al pensamiento de la época. Ahora la Caridad
será una mujer, una matrona, que lleva a dos niños, uno cargado mientras amamanta su pecho, y
el otro se sujeta firmemente a ella [Fig. 3]. Esta representación venía cargada de elementos y sim-
bolismos a tener en cuenta. La leche materna es símbolo de la vida; pues no hay mayor amor del
de una madre por los hijos. Así lo reafirma el Concilio de Trento afirmaba que la Caridad es la más
importante de las virtudes teologales, ya que la fe sin obras está muerta.
La iconografía de la Caridad como una matrona rodeada de niños, suele tener algunas
variantes y puede aparecer con monedas en su mano izquierda, mientras que con la otra ofrece
un pan a un niño que lo recibe. El pan y las monedas hacen referencia a la limosna. En otras
representaciones hay niños que portan antorchas encendidas, simbolizando el ardiente vínculo
que el ejercicio de esta virtud genera. El amor de la madre que es puro y desinteresado es la mejor
representación para figurar la virtud de la caridad que es paciente, benigna, no interesada [Fig. 4].
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