Page 89 - Rosario Corinto 10
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La caridad, es la virtud teologal por la cual amamos a Dios por sobre todas las cosas y a nues-
tro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. San Agustín nos dice que la culminación
de todas nuestras obras es el amor (Cf. In epistulam Ioannis tract. 10).

       Conocido es que en el nacimiento de las hermandades, éstas buscaban la necesidad de asistir
a sus hermanos tras la muerte con unas exequias y un lugar común para su sepultura. Además,
se vivía una leve y sutil, en muchas ocasiones, vida religiosa con algunas obligaciones unidas a la
idiosincrasia de esa cofradía (misa y adoración al Santísimo Sacramento). Esa era la caridad. Aun-
que hubiera procesiones y manifestaciones de fe en la calle, en su origen está en la asistencia a las
necesidades los hermanos.

       No es baladí que en Murcia, hace ahora treinta años se gestase la creación de una cofradía
bajo el nombre de La Caridad, pues nos viene a recordar ese origen de las cofradías, un trabajo
asistencial hacia los más necesitados, y hacia sus familias. Además, el color corinto de sus túnicas
nos trasporta al color de la sangre, al fuego, como el ardiente vínculo que Caridad genera al realizar
su cometido.

       Así, la Cofradía de la Caridad es generadora de un amor dinámico, de donde emanan fuerza
y pasión. Porque están marcados con el sello del amor de Cristo en la imagen de su titular y con
hechos. Cristo en la Cruz yerto, muerto, queda solemne, majestuoso, reinante, y con esa tranqui-
lidad de haber dado todo el amor que tenía exhalando su último aliento, y que descansa después
de haber “amantado” al mundo. Ese sello de amor es la Caridad.

       El amor verdadero o la caridad consiste en amar con gratuidad, también a quien no lo me-
rece, el pecador, el malvado, el traidor, el enemigo (cf. Lc 6,32: Rm 5,11). Siguiendo el ejemplo
de Cristo, no podemos pensar en que este amor divino, único y trascendente, es “utópico” para
los seres humanos. Se convierte en realidad cuando el don del Señor resucitado es derramado en el
corazón, pues como nos dice san Juan, “no podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos,
si no amamos al prójimo a quien vemos” (1 Jn 4,20).

       Así pues, sirva esta imagen del Santísimo Cristo de la Caridad [Fig. 5], para entre los co-
frades y hermanos, ver en cierto modo se origen de servicio, de fidelidad y de aceptación como
ejercicio de piedad, de amor. La caridad no acaba nunca.

BIBLIOGRAFÍA
Battistini, M. (2008). Símbolos y alegorías. Barcelona, España: Random House Mondadori..
Juan Fernández, J. (2018). La caridad en 1 Jn. Una aproximación desde la teología bíblica, en Verdad Y Vida, 73 (266), 65-86.
Lorite Cruz, P.J. (2017) Las iconografías fundamentales de la Semana Santa, en Religiosidad popular: cofradías de penitencia, 2 (2017),
pág. 847-864.
Olivares Martínez, D. (2015): “Virtudes simbólicas”, Base de datos digital de Iconografía Medieval. Universidad Complutense de
Madrid.

Fig. 1. Cimón y Pero (45-79 d. C.), fresco encontrado  Fig. 2. Caritas romana (c. 1612). Óleo sobre lienzo,
                        en Pompeya                          Peter Paul Rubens. Museo del Hermitage.

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