Page 94 - Rosario Corinto 10
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José Emilio Rubio Román
Mayordomo de Honor
Probablemente, el lector de ‘Rosario Corinto’ haya oído o leído que la Iglesia de Santa
Catalina, sede de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad, es una de las más
antiguas de Murcia, pero nada en su aspecto delata esa antigüedad, a no ser algún
mínimo resto del viejo templo, inserto en las paredes actuales, o el valioso relieve de la capilla de la
Asunción, de finales del siglo XVI.
Sin duda, las numerosas reformas obradas a lo largo de los siglos, y en especial las del XVIII
y primeros del XX, alteraron por completo la fisonomía del recinto religioso, tanto en su exterior
como en su interior, haciendo en verdad complicado descubrir siglos de antigüedad en aquellos
muros.
Puede que también tenga referencias el lector sobre el hecho de que la torre de Santa Catali-
na fuera empleada en tiempos remotos como atalaya receptora y remisora de avisos, en una época
en que las señales luminosas desde puntos elevados eran la forma más rápida y práctica de avisar de
peligros tales como las incursiones enemigas. También estuvo en ella el reloj municipal.
Pero el paseante mira hoy a las alturas y ve una torre de escasa alzada, engullida por el edi-
ficio vecino, y se pregunta cómo pudo alguna vez servir de pináculo alertador de amenazas, salvo
que haya leído sobre el asunto, por ejemplo, en el número 6 de ‘Rosario Corinto’, donde expliqué
que la mengua se produjo a raíz de que el terremoto denominado de Torrevieja, en 1829, arruinara
la antigua por completo.
Sin necesidad de estirar más la relación de las transformaciones experimentadas por la sede
canónica de los nazarenos corinto, no ha de pasarse por alto el hecho de su condición de parroquia
durante siglos, materializándose su fusión con la de San Nicolás recién acabada la Guerra Civil,
pasando la sede principal al vecino templo dedicado al obispo de Bari.
Todo este preámbulo, que evidencia que las cosas no son como parecen y que es muy con-
veniente ahondar en la historia para descubrir lo mucho y muy interesante que ocultan las aparien-
cias, nos puede conducir al repertorio de imágenes antiguas y modernas con que cuenta el templo,
que además de ofrecer varias de indudable interés artístico, también depara alguna curiosidad que
merece ser conocida.
Obras destacadas
Entre las primeras no puede dejarse de mencionar la Dolorosa, la espléndida talla de Fran-
cisco Salzillo, bautizado en el templo, que saca en procesión la Cofradía de la Caridad cada Sábado
de Pasión, y dos tallas de su padre, Nicolás, de tanto interés como la Santa Catalina, que da nombre
a la antigua parroquia y preside el altar mayor, y el Cristo de la Paciencia, que volvió a procesionar
el pasado mes de noviembre como nueva hermandad de Ánimas de nuestra cofradía penitencial.
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