Page 96 - Rosario Corinto 10
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Inaugurado el Círculo oficialmente el 19 de marzo de 1892, día de San José, a quien se
           acogió como Patrón, y con Palarea en la presidencia, contó la sede con salón de sesiones, aulas
           adaptadas a todas las enseñanzas, biblioteca y hasta un pequeño teatro, amén de la capilla en donde
           se entronizó la imagen del santo.

                   Fue el socio Virgilio Guirao quien impulsó la construcción de oratorio y talla, y con ocasión
           de su defunción, en 1902, se lamentó que no hubiera podido verla acabada, pues fue precisamente
           el día de San José de ese año cuando fue bendecida por el obispo de la Diócesis y entronizada en
           la sede de la calle de San Nicolás.

                   Según sus estatutos, el fin inmediato del Círculo Católico de Obreros de Murcia era “prote-
           ger y fomentar las creencias y sentimientos religiosos; dar instrucción moral y literaria a los obreros
           adultos que voluntariamente se presten a recibirla; atender en lo posible al socorro y asistencia de
           los obreros enfermos”, así como “proporcionar a los socios medios de honesta recreación”.

                   Para alcanzar estos objetivos se establecían clases nocturnas de enseñanza primaria, elemen-
           tal y superior, religión y moral, etc., un gabinete de lectura, donde los socios encontraran revistas
           religiosas, científicas e industriales, libros instructivos y recreativos y salones de recreo “donde los
           socios se entretuvieran con juegos lícitos”.

                   Numerosos actos de culto
                   Todo ello se complementaba con las prácticas religiosas, que eran obligatorias para quienes
           pertenecían al Círculo, como la función a la Patrona, en la fiesta del Santo Rosario; el triduo y
           comunión en honor del patrón San José; las Misiones para hombres en Santo Domingo; el tradi-
           cional septenario del Espíritu Santo y la comunión general de fin de curso.
                   A todo esto, se sumaban dos misas todos los días festivos en el Oratorio de la casa y la
           participación en solemnidades como el Corpus, las rogativas oficiales o la procesión del Santo
           Entierro, junto con la adhesión monetaria a empresas religiosas como la coronación de la Virgen
           de la Fuensanta en 1927.
                   Un testimonio de lo que fue en los días del Círculo Católico Obrero la fiesta de San José
           lo ofrecía la firma de Luis Esteve en el diario Línea en 1971: “En la mañana del día del santo
           patriarca, acudían los socios y alumnos de las clases nocturnas, quienes después de la misa eran
           obsequiados con buñuelos y chocolate. Por la noche, se celebraba una velada literario musical con
           la intervención de los más destacados oradores, poetas y músicos de la capital. El salón de actos
           era presidido por un magnifico lienzo de gran tamaño representando a la Virgen de la Fuensanta,
           obra de Antonio Meseguer”.
                   “Este bello salón era convertido en oratorio, donde los días de precepto se celebraba misa.
           En su bonito retablo gótico figuraban dos cuadritos de don José María Sobejano, pinturas que
           representaban ‘Los sueños de San José’ y ‘La huida a Egipto de la Sagrada Familia’. Lo presidía la
           escultura de San José, obra de Juan Dorado, que figura actualmente en un lateral del retablo prin-
           cipal de la parroquia de Santa Catalina”.
                   Cuando el Círculo Católico cerró sus puertas, aquél San José de Juan Dorado quedó en
           poder de la familia Palarea, que la cedería al templo situado junto a su casa de la plaza de Santa
           Catalina, y que por esos avatares del destino ha llegado a nuestros días, pudiendo ser admirada y
           venerada en la sede canónica de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad.

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