Page 189 - Rosario Corinto 11
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de de todas es la Caridad”.
Jesucristo es el ejemplo perfecto de la Caridad, Él siempre anduvo haciendo el bien, demos-
trando tierna compasión por los niños, los pobres y los afligidos.
La expresión suprema de Su caridad fue Su expiación infinita por el amor a todos nosotros.
Y es que Caridad no es solo limosna, es el amor cristiano, entregarse por el otro hasta dar
la vida.
Amar al prójimo como a uno mismo es la práctica del bien común, esa que suscitaría la reci-
procidad y la benevolencia, es siempre generosa y desinteresada; convirtiéndose en la demostración
evidente del amor a Dios.
El odio, la envidia, la discordia, la pelea, la riña, … se oponen directamente a ella.
Porque, como nos enseña nuestro catecismo, la Caridad tiene por frutos: el Gozo, la Paz y
la Misericordia.
Quiero terminar agradeciendo vuestra caridad hacia mí, permitiéndome dirigirme desde
este ambón a todos vosotros, lo que me ha ayudado a descubrir aún más la grandeza de esa virtud
teologal, que resume a todas las demás, de ese mandamiento que nos dejó Jesús que resume to-
dos los demás, de ese Cristo “resumido” que cuando se despliega nos muestra su grandeza, de esa
Virgen que resume en ella el dolor de siglos, de este año que resume todos los treinta anteriores.
“Si a los tristes dais consuelo,
sensitivos corazones,
¡Tendréis alas en el cielo
y en la tierra bendiciones!”
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