Page 190 - Rosario Corinto 11
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    En este emotivo encuentro a través del teclado y vuestra pantalla, deseo compartir
                          con todos ustedes las experiencias y sentimientos que han dado forma a mi viaje en
                          nuestra querida Cofradía de la Caridad y Semana Santa. Este viaje ha sido, sin duda,
           un tapiz complejo de tradición, compromiso y, lo más importante, los fuertes vínculos de amistad
           que he conseguido forjar.
                   A lo largo de los años, he sido testigo de cómo nuestra cofradía ha evolucionado y se ha
           adaptado a los cambios, manteniendo al mismo tiempo la esencia que nos define. Hemos enfren-
           tado desafíos y celebrado grandes éxitos, pero siempre unidos por la devoción a nuestra causa
           común.
                   En este momento, reflexiono sobre el camino recorrido y siento una profunda gratitud. La
           cofradía no solo ha sido un lugar de encuentro espiritual, sino también una comunidad que ha
           nutrido mi crecimiento personal. Cada experiencia, cada procesión, cada encuentro ha dejado una
           huella imborrable en mi corazón.
                   Desde mi infancia, el vínculo a la Semana Santa de Murcia ha sido total, y más acentuado
           a esta, nuestra querida cofradía. Acompañaba a mi familia con asombro y respeto, sin comprender
           completamente la magnitud de la tradición que se estaba transmitiendo de generación en genera-
           ción. Fue mi padre, Juan, quien, con pasión y dedicación, me guió a través de esos primeros pasos,
           literalmente, mientras cargaba los tronos con una devoción que se sentía en cada paso.
                   Este artículo no puede empezar sin rendir homenaje a mi familia, cuyo legado ha influido
           profundamente en mi compromiso en nuestra Semana Santa. Cada vez que me pongo la túni-
           ca, desfilo o cargo el trono, siento la presencia de generaciones pasadas a las que debo respecto,
           admiración y el mayor de mi compromiso, sin olvidar la importancia de ser un portador de una
           histórica tradición, de ser un enlace viviente entre el pasado y el futuro que está por venir.
                   Un año eres un niño y te pones la túnica con la mayor ilusión y desfilas detrás de tu paso,
           al otro día decides hacerte mayordomo y aumenta tu nivel de compromiso, y más tarde pasas a ser
           un miembro de la dotación de una plantilla del paso. Aceptar el trono no solo significaba asumir
           una tarea física, sino también un compromiso espiritual y emocional con la historia. Asumes este
           viaje con humildad y determinación, sintiendo la pesada carga y la dulce responsabilidad hacia tus
           compañeros y todos los que han ido detrás de ti.
                   En estas líneas también quiero reflejar que este viaje no es solo mío; es nuestro. Somos una
           comunidad unida por la devoción y la tradición, y cada paso que damos, cada carga que llevamos
           está entrelazada con los lazos de amistad que hemos forjado en el camino. Las amistades en la co-
           fradía van más allá de las procesiones y celebraciones. Son la savia que alimenta el árbol de nuestra

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