Page 194 - Rosario Corinto 11
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Álvaro Beltrán Flores
2º Cabo de andas Stmo. Cristo de la Paciencia
In memoriam D. Francisco Flores Abad
El mundo cofrade a los niños de cuna nazarena nos ha regalado sensaciones únicas,
momentos inolvidables, que envueltos con cortinas de incienso y llamas de vela, han
supuesto un zarandeo de nuestros corazones inigualable. Nada se asemeja a los días
previos de la Semana Santa, en los que, en mi caso, de la mano de mi abuelo, hacíamos de nuestro
día a día, un rosario de cofradías.
“Benditos son aquellos que vienen en el nombre de Señor y benditos son los que además vienen
agarrados de la mano de esas almas inquebrantables y generosas que son los niños”
El corazón late con fuerza impulsando una sangre verde que mezclada con el ingrediente
indispensable para mantener con vida los templos de Dios, que es la Fe, viajan sin otro destino que
mostrar al mundo la Misericordia de Dios. Todas estas sensaciones son la certeza que soy de los
privilegiados que tenemos la suerte de haber recibido la Herencia Divina de la Fe Cofrade.
Aún hay personas que se resisten a privar a los más pequeños de algo sencillamente maravi-
lloso y de incalculable valor como es ese sentimiento de Amor a Dios, donde un rosario sustituye
sus cuentas por almohadillas bien amarradas, golpes de cabo de andas, notas musicales, ligas y
capuces. Y es que aquellos que demuestran su más sincero Amor a nuestro Dios, no podrían vivir
sin transmitir esa virtud a sus hijos o en mi caso, también a sus nietos.
Fui y soy un privilegiado, mi familia, mis padres y abuelos, pusieron todas sus fuerzas en
dejarme en herencia el bien más preciado que poseemos en esta vida donde la maldad empuja la
puerta de las tradiciones.
Buena muestra de ello es una foto que se convierte en poesía, una poesía donde las letras
se sustituyen por sentimientos que jamás podrán salir de una pluma, y que sólo serán posible per-
cibirse si uno siente y comparte de verdad la necesidad de amamantar su corazón con profundo
alimento cofrade, que es sin duda, lo único que calmará nuestra hambre y nuestra sed.
Solo pensarlo y un escalofrío recorre mi piel. Siempre en mis retinas quedaran las lágrimas
que de mi abuelo brotaban al ver qué en el sufrimiento de su nieto, al cargar o comandar un paso,
quedaba reflejado su legado y a la vez el aire que mantendrá con vida, y por los siglos de los siglos,
su noble profesión.
Por un “Legado Eterno”. ¡Gracias Abuelo!
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