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“Sones de caridad”
Ángel Juan Román García
Aúno el valor suficiente como para escribir estas líneas, y por ello me gustaría empezar
dedicando este humilde escrito a mi querido cabo de andas de la Virgen de la Cabe-
za, gran nazareno y mejor persona, Antonio Munuera Alemán que, con su tesón y
su amor por la Semana Santa ha conseguido sumergirme en este mundillo y hacer que lo disfrute
más si es que eso era posible.
Recuerdo perfectamente la primera vez que disfruté de esta procesión. Era 2016 y, en una
de estas casualidades que te regala la vida, estábamos mi abuela Pepita y yo camino a casa, por la
calle Trapería, y divisamos a los mayordomos regidores a lo lejos. Intercambiamos miradas y deci-
dimos sentarnos. Fue toda una sorpresa para mí, e incluso admito que desde el primer momento
me quedé enamorado de la Santa Mujer Verónica y del San Juan que Ramón Cuenca talló con sus
finas manos. Pero, sobre todo, lo que más me llamó la atención fue el cariño y el afán por sacar una
procesión aparentemente “nueva” sin perder la tradición huertana que caracteriza a los nazarenos
murcianos. Esto ha sido, entre otras cosas, lo que más captó mi atención.
Me considero una persona arraigada a Murcia, y creo firmemente que ingresar en esta ilustre
institución puede ayudarme a crecer y a evolucionar como nazareno y como devoto. Cabe recordar
que empecé a involucrarme más en las procesiones a los quince años, cuando decidí participar
activamente en la sección de bocinas y tambores de Nuestro Padre Jesús, sin saber que iba a ser tan
bien acogido por tantísima gente. Ello demuestra, una vez más, el espíritu nazareno que tenemos
y no debemos perder.
Finalmente, porque no me quiero explayar mucho, quisiera no sólo alabar a todos los mur-
cianos y murcianas que todos los Sábados de Pasión visten sus túnicas e inundan Murcia de corinto
en una tarde mágica, sino también reivindicar nuestra tradición y nuestra vida nazarena. Ser na-
zareno es ser de la Caridad, y en ello reside la esencia de la Semana Santa: sentirnos identificados,
pertenecientes a un sentimiento e ilusión comunes, y miembros de la generación del mañana.
Cofrades corintos (y no corintos) que tomarán las riendas de nuestra labor hoy y que, sin duda, se
sentirán orgullosos de quienes fuimos: su familia. La familia de la Caridad.
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