Page 176 - Rosario Corinto 12
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ese estilo de vida, que se hace visible en el rostro de su Titular.
Esa mirada al Cristo de la Caridad, clavado en la cruz, lo dice todo. Allí, en el silencio, se
entiende que su sacrificio es el mayor acto de amor. Él no solo se quedó en la cruz para redimirnos,
sino también para abrazar nuestro sufrimiento, para recordarnos que nos ama tal como somos: es
el Amor que se entrega sin reservas, sin condiciones y que además consuela, perdona y escucha.
Hoy, desde la distancia, solo puedo sentir gratitud. Gratitud por los años vividos en mi
tierra, por los amigos que me acompañaron, por los momentos que compartimos bajo el manto de
nuestra fe. Aquellos años me enseñaron que el mundo cofrade no es solo tradición; es un camino
que transforma vidas. Por eso, quiero dirigirme a los jóvenes: si sentís en vuestro corazón el deseo
de formar parte de una Cofradía, no lo dudéis. En cada procesión, en cada gesto de servicio, Dios
puede estar llamándoos. Quizá no para el sacerdocio, pero sí para vivir el amor y la entrega como
verdaderos seguidores de Cristo.
Que al mirar al Cristo de la Caridad, recordemos que su amor no tiene límites y que su
ejemplo nos invita a hacer lo mismo. Esa es nuestra misión como cristianos: amar, servir, y dar
testimonio de una fe que transforma para que así cada Sábado de Pasión, se convierta en una cita
eterna que siempre nos recuerda que su amor nunca se agota, porque el atardecer es el Amor, y es
la manera como Dios consuma su amor cada día con cada uno de nosotros.
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