Page 193 - Rosario Corinto 12
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como cristianos (como vosotros), y como sacerdotes (para vosotros). Perdón por las intenciones
torcidas, las actitudes equivocadas, las negligencias no combatidas. Perdón por lo mal hecho o
prejuiciosamente mal pensado, mal valorado. Perdón por lo que pudimos hacer sufrir. Perdón
por nuestras malas decisiones, por nuestros miedos o inseguridades. Perdón por lo que ni siquiera
llegamos a hacer, quizá indiferentes. Perdonadnos, amigos. Perdónanos, Señor Jesús.

       GRACIAS
       Gracias por estos 70 años de trabajo y vida en este Templo Eucarístico, en esta parcela de
la Iglesia Universal que es la Diócesis de Cartagena y esta ciudad de Murcia. Gracias por habernos
llamado a esta vocación, tan grande como toda vocación cristiana. “Nuestra vocación es el amor”
decía Santa Teresita de Lisieux. Una vocación, una llamada tan peculiar, que nos haces para que
sintamos en la piel y el hondo corazón que somos acompañantes de tu Pueblo querido. Gracias
por dejarnos comprobar cómo tu antigua alianza toma sentido y actualidad y huele a murcianía,
también en este centro histórico, plaza de las flores. De nuevo nos dices: “Yo seré vuestro Dios y
vosotros seréis mi pueblo”. Y nos has dejado participar de ello. Gracias.
       Gracias, querida feligresía. Gracias queridos grupos y carismas que participáis de la vida
cristiana de la Diócesis a través de este rincón de silencio que es este Templo. Gracias, querida
Cofradía del Cristo de la Caridad. Gracias, queridos amigos y familias por celebrar juntos la AC-
CIÓN DE GRACIAS, LA EUCARISTÍA. Decir Eucaristía es decir tantas cosas a la vez, y soñar
y dejarnos soñar por Dios… Gracias, Señor Dios nuestro, por tu Palabra que desde la Biblia nos
guía, orienta y corrige. Gracias por ser pan artesano horneado a fuego lento con cadencia de padres
honrados y trabajadores. Gracias por tu Cuerpo y Sangre que sabe a mundo mejor y más justo y
nos entreabre la puerta del cielo para conocer y gustar anticipadamente nuestro destino eterno: ser
y habitar en nuestro hogar del cielo contigo, Padre eterno.
       Gracias por el camino de humildad que has mostrado durante tantos años al celebrar el
sacramento del Perdón de los pecados, la confesión. Gracias por mostrarnos el sagrario del alma
de cada persona, niño, joven, adulto o anciano, cuando te buscan para que tú, Padre siempre a la
espera, les des el abrazo del perdón y el regreso a casa. Qué desbordamiento de tu gracia asomarnos
al brocal de otra persona en el hondón más profundo de su ser, qué desvarío, qué misterio de tu
grandeza permitirnos ser testigos de tu amor para todos. Y gracias por dejarme, con mis compa-
ñeros curas, celebrar que soy pecador, pero vivimos perdonados y “perdonantes”, reconciliados en
comunidad, en Iglesia familiar.
       Gracias por hacernos reír con quienes ponen sabor a la vida. Y Gracias por permitirnos
llorar con quienes necesitaban un pañuelo para sonarse los mocos de la tristeza. Gracias por dejar-
nos ungir con el sacramento de la Unción de enfermos los dolores de quienes viven sufriendo la
enfermedad y las penalidades del cuerpo y del alma.
       Gracias por permitirnos ser testigos de tu abrazo eterno al morir a este mundo y abrir defi-
nitivamente los ojos al cielo. Ser testigos de las despedidas de este mundo, nos hace más fuertes en
la esperanza del cielo, tu promesa de amor para siempre.
       Gracias, Señor, por comprobar cómo tu proyecto de familia y comunidad, se actualiza en el
sacramento del Matrimonio. Jóvenes esposos que te quieren tener como argamasa en los cimientos
de su recién fundada familia.

       POR FAVOR, TE PEDIMOS POR…
       Señor, te pido por este templo eucarístico, por nuestra Diócesis, Arciprestazgo y Parroquia
de San Nicolás de Bari y Santa Catalina de Alejandría. Oramos por toda la feligresía, por cada
familia, por todos los hermanos de fe en la Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad.
       Oramos por todos. También de manera especial por el equipo sacerdotal que continua esta
labor que nosotros, a nuestra vez, tomamos de las Religiosas Reparadoras allá por 1955. Anunciar
a Jesucristo es la misión de la Iglesia, lo que da sentido a nuestra vida religiosa. La vida en Cristo es
lo importante y la fidelidad en la continuidad de su anuncio a todas las gentes. Oramos por Don

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