Page 191 - Rosario Corinto 12
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círculos para obreros y patronos, capellán de la adoración nocturna, promotor de la devoción al Corazón
de Jesús, apóstol de la reparación... Fundó la primera revista dedicada a la juventud en España titulada El
congregante de San Luis. Su celo apostólico no tenía límites. Lo dejó escrito con claridad fotográfica: «No
estamos destinados a salvarnos solos», nos salvaremos juntos, como hermanos.
Ya era joven sacerdote, cuando un encuentro providencial una fría tarde en Tortosa con un seminarista
pobre le ayudó a discernir el carisma de su vocación: ofrecer lo material y lo espiritual, el pan y el amor, ilu-
sión y formación para los futuros sacerdotes. Y decidió trabajar en esta raíz multiplicadora del apostolado de
la Iglesia: el fomento de las vocaciones sacerdotales. Sobre todo, teniendo en cuenta la lamentable situación
de los seminarios en el siglo XIX en España. Don Manuel se arremangó para ayudar a solventar el problema.
¿Pero cómo podría hacer eso solo?
El 29 de enero de 1883, mientras daba gracias después de la misa celebrada en la capilla de unas reli-
giosas, sintió la inspiración para fundar la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, con el objetivo
principal de trabajar en el campo de las vocaciones. Una Unión de sacerdotes que diera continuidad a la obra
vocacional que él intuía de tanta necesidad.
Comenzó la fundación de varios Colegios, llamados «de San José», para el fomento de las vocaciones
sacerdotales. El primero fue el de su Tortosa natal. Luego varias Diócesis y ciudades de España. Incluso fun-
dó el Colegio en Roma, donde se formarían seminaristas y sacerdotes de toda España, continuando la labor
actualmente. El Papa San Pablo VI lo calificó como «santo apóstol de las vocaciones» y San Juan Pablo II lo
declaró “Beato” en 1987. ¿Y cómo llegó la labor vocacional de Don Manuel a Murcia?
LA HERMANDAD LLEGA A MURCIA
Después de Tortosa, Don Manuel fundó Colegio para vocacionados pobres en Valencia. Colegio de
San José que ya funcionaba a pleno rendimiento en 1887 y era visitado por sacerdotes de muchos lugares.
También lo conocieron con admiración presbíteros de Murcia, que regresaron al valle de la Fuensanta con el
deseo de un Colegio similar para seminaristas pobres.
Don Manuel viaja a Murcia el 24 de mayo de 1887 con la intención de entrevistarse con el Obispo y,
si obtenía su permiso, emprender cuanto antes dicha fundación. Citan las crónicas escritas de su mano que
“después de varios días por la bella ciudad del Segura, viendo casas y terrenos, se fijaron en una que había
desalojada y arrendable en la plaza de Vinader… conviniéndose en el contrato y arriendo”. Pero los colegios
de Don Manuel “se regaban con dificultades”. Envía los dos primeros operarios. A mediados de verano, aun-
que no había dinero, tenían ya unos treinta aspirantes a colegiales. Y comenzó el colegio felizmente el curso
1888–1889, quedando al frente Remigio Albiol y José María Tormo, con la estupenda fiesta de inicio de toda
casa de Operarios: la Reserva del Santísimo Sacramento en la Capilla.
En enero de 1889 Don Manuel se encuentra nuevamente en Murcia, buscando terrenos donde poder
construir un edificio de nueva planta para el colegio de Vocaciones pobres, pues las numerosas peticiones
hacían insuficiente la casa ya arrendada. Por fin, el 8 de octubre de 1889 se coloca solemnemente la primera
piedra del nuevo edificio, que actualmente todos conocemos cerca de la Plaza de Toros, el actual Seminario
Diocesano.
Proyectó un magnífico edificio, capaz para recibir a trescientos alumnos, –los que habían prometido al
obispo– y donde pudieran desarrollar con amplitud un ambicioso programa de formación religiosa, intelec-
tual y humana; en un clima de familia, en el que los colegiales contaran con amplios patios para su desarrollo
físico y su expansión deportiva.
Don Manuel, siempre embarcado en múltiples proyectos, vuelve a pasar por Murcia en febrero de
1891 y habla nuevamente a los colegiales, compartiéndoles que «mi corazón no podía sufrir pasar sin ver este
colegio y esta nueva casa, este jardín de reparación a Jesús, colocado en medio de la florida y nunca bastante
bien ponderada huerta de la distinguida y famosa Murcia».
Y EL ENCARGO LLEGÓ A LA PLAZA DE LAS FLORES
Pasaron décadas… y los Sacerdotes Operarios llevaron adelante la vida del Seminario Diocesano de
Cartagena, hasta los años 60. Poco antes sucedió que unas religiosas de larga trayectoria en la plaza de las
flores ya no podían atender una iglesia de rancio cariño en el centro de la ciudad:
“El 17 de junio de 1955, Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, habiendo dejado las Religiosas Repa-
radoras el Templo de Santa Catalina Mártir, el Señor Obispo de Cartagena, Don Ramón Sanahuja y Mercè,
mediante Decreto, cedió dicho Templo en usufructo a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos
del Corazón de Jesús “para que siga dedicado al Culto Eucarístico”.
Y desde entonces son muchos los sacerdotes que atendieron obedientes el encargo del señor Obispo
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