Page 186 - Rosario Corinto 12
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                                                                                       Alberto Castillo Baños
                                                                                          Cofrade y Periodista

    La Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad tiene su sede
                          canónica en la iglesia murciana de Santa Catalina de Alejandría, también templo
                          eucarístico, pues a lo largo de todo el año permanece abierto diariamente para la ado-
           ración del Santísimo Sacramento expuesto a la veneración de los fieles.
                   La entidad nazarena se creó en este emblemático lugar en 1993 hace, por tanto, treinta y
           dos años.
                   Pero quizá lo que muchos desconocen es que es una de las parroquias, más antiguas e
           importantes de la ciudad de Murcia. El templo tenía dos torres gemelas, una de ellas ya no existe
           tras el terremoto de 1829, lo veremos más adelante, y la campana y reloj qué marcaba las horas de
           la ciudad y por sus sonidos se regía toda la vida desde el siglo XVI. La plaza donde se levanta este
           templo eucarístico fue la gran plaza de la ciudad y escenario de numerosos acontecimientos civiles,
           militares y religiosos. Proclamación de reyes, celebración de fiestas populares, toma de posesión
           de los miembros del Concejo, anuncios de defunciones o incluso proclamación de bandos para
           advertir a la ciudad que entrábamos en guerra. Estamos, por tanto, ante un escenario histórico im-
           portantísimo para el viejo reino de Murcia que se eligió, precisamente, en derredor de esta iglesia
           y lo qué representaba para los murcianos.
                   La torre de la iglesia de Santa Catalina, hoy inexistente, tenía además una función funda-
           mental. Tras la Reconquista se produce el continuo ataque de la piratería turca y berberisca que
           desembarcaba en la costa y, avanzaban hacia el campo, arrasando cosechas y pueblos. En el siglo
           XVI y buscando una mayor eficacia defensiva, se recurrió a la construcción de torres vigías que
           tendrían la misión de avisar del tráfico de barcos enemigos y servir de refugio en caso de invasión
           a los pastores, campesinos y pescadores que habitaban cerca de la costa.
                   Las torres se comunicaban entre sí a través de señales de humo de manera que, frente a un
           ataque inesperado, todo el litoral se ponía en alerta, ofreciendo un contraataque organizado. Al
           mismo tiempo el aviso de peligro llegaba a Murcia por la Sierra de Carrascoy, donde se encontraba
           un cuerpo de vigilancia permanente, dando la señal de rebato en la capital del reino, la campana
           de la torre de Santa Catalina. Desde aquí salía el ejército hacia el campo murciano para sofocar la
           invasión y ayudar a las gentes del lugar.
                   Durante el siglo XVII se conoce la construcción de una serie de nuevos edificios públicos,
           algunos de los cuales se agrupaban en la plaza de Santa Catalina o sus cercanías dada la importancia
           que tuvo en aquellos años el templo.
                   El año 1684 fue de los más tristes y ruinosos que se recuerdan de la historia de Murcia y
           de los que queda constancia escrita de todas las penurias que pasaron los habitantes de la ciudad

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