Page 182 - Rosario Corinto 12
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El Cristo de la Paciencia viene a su manera pregonando una nueva y aún lejana primavera
de Pasión en la víspera de Cristo Rey, donde el frío murciano, aquel que decimos que se te mete en
los huesos, “el helor” de la huerta, eclosiona en el cálido abrazo de un Cristo que lleva tres siglos
esperando a escucharnos en su coqueta capilla de esta iglesia. Allí, bajo el marchitado dosel de los
tiempos, los murcianos han pasado frente a Él, le han orado, le han pedido o le han agradecido una
especial intercesión y hasta el día de hoy, que aquí seguimos venerándolo y cuando las campanas
de la gloria resuenen en nuestro momento postrero, créanme que Él seguirá aquí, como Señor de
los tiempos que es. La primavera gloriosa del Cristo de la Paciencia es una primavera total, el cora-
zón se abrasa de un amor infinito y en las vísperas del delirio de su procesión, esas que ya estamos
celebrando, me consta que para sus cofrades son días de especial acercamiento al Señor represen-
tado en su talle napolitano-salzillesco. Y es que este sábado de noviembre se tercia en exceso en un
sábado marcero o abrileño...
La primavera vuelve a triunfar sobre el invernal frío
Las luces pascuales se tercian ya en cirios
y Azahares y claveles ya germinan junto al río
Porque saben que es la hora, el día y el momento preciso.
Enraizados se acercan,
Despliegan sus colores
Y en alfombra perfumada
Rinden honores
A aquel Cristo chiquito
Que es el Señor de Santa Catalina
y su historia en albores,
y en la Plaza de las Flores
miles de puestos
que se ponen para adornarle
la carroza de gloria
en la que lo elevan sus estantes,
florecen las azucenas en su frente
en aquella corona de espino
que es de oro del Rey Midas
de aquel, que es nuestro Dios uno y trino
que en Santa Catalina
sobre el altar Sacramentado
está siempre vivo y resucitado
y atraviesa las puertas de la Iglesia
Sábado de Pasión, Caridad, crucificado.
Los tallos de los claveles se han quebrado
Para hacer para ti, en oro, ahogador
Ceñidor y cordón, para tenerte maniatado
Aquel junco que del mismo Segura fue cortado
Se ha terciado en la plata
De tu cetro de Rey
de todos los murcianos,
y ahora que luces restaurado,
Señor, yo te pido un detalle,
Algo anteriormente solicitado
Y es que uno de tus hombros se cubra
Con el rojo purpurado
Del manto de rey glorificado
Que bien lo pone en la escritura.
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