Page 183 - Rosario Corinto 12
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Las flores lo han pregonado
                                              ha resonado el río
                                               sale Cristo Rey
                                                sale sentadico

                                           sale en su trono de oro
                                que en Santa Catalina ya tiene tres siglos

                                        sale el Cristo de la Paciencia
                                      que es el señor de los benditos.
       La banda del Bonillo ya ha interpretado sus primeros sones, aquellos seleccionados en sin
par partitura procesional que se abre con caminando va por tientos, que hay quien dice que es la
marcha selecta de uno de sus más dignos hijos, en fin, el Señor comienza a recorrer las calles de
una Murcia totalmente diferente a la que conocería al salir del taller de Nicolás Salzillo y en aquella
protocolaria procesión de entrega le llevaría a Santa Catalina, donde desde entonces nos espera.
       Nos encontramos, sin duda, en tiempos necesitados de la presencia del Dios del amor en
las calles, bien sea en los momentos de la pasión que tan bien entendemos los cofrades o hincando
rodilla en tierra al verle pasar bajo palio en las manos de nuestros sacerdotes, o quién sabe si en ese
Dios niño en los brazos de su Madre, que, de eso, también entendemos bastantes. Sale el Cristo de
la Paciencia, Cristo Rey exaltado como varón de dolores, ensangrentado por la barbarie y el pecado
que acecha al hombre, allí en el mortal escarnio vemos el triunfo de Dios hecho hombre vencedor
del pecado, allí triunfantemente coronado por las espinas que en plata sobredorada se han terciado
y el oro que recorre cada uno de los filamentos de sus ataduras y ahogador sobre él colocados, como
atributos de rey, un rey, que vemos ya sentenciado.
       Pues así, tal cual, Cristo sale a las calles sobre su trono, aquel que los estantes que van de-
bajo bien saben mecer según un paso, el tradicional murciano, se quiebran las maderas, la cera se
va gastando, las flores y el incienso perfuman un ambiente que es tan primaveral que podríamos
decir que está hasta cargado, y avanza el cortejo, calle platería abajo y un señor, de capa y sombrero
tocado va llamando a la oración campana en mano.
                                       Llama el muñidor al silencio
                                   Como llama el seco golpe en el acero
                                 A que se levante el paso, arriba, al cielo,

                                           Llama el olor de la cera
                                        quemada en oración sincera
                                    de aquellos que a las calles se echan
                                     en prenda de devoción verdadera
                                      por el Cristo de la eterna espera
                           yo os llamo en esta noche de una víspera postrera
                                  que la contraseña en tus manos recibas

                                              y cojas la cazoleta
                               y seas un cirio para el Cristo de la Paciencia

                                           sé la luz de su camino
                                           sé la luz que lo ilumina

                                                 sé su estante,
                                              aquel que lo pasea
                                       aquel que no duda en meterse
                                          bajo las varas y la tarima,
                                              déjame esta noche
                                   que me pierda en un sueño perfecto
                                  dar una curva contigo en mis hombros
                                         Varón de Dolores altanero

                                                                                                                                                    183
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