Page 188 - Rosario Corinto 12
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a sus hogares y quehaceres diarios sin sospechar lo que iba suceder apenas unos días más tarde. El
           terremoto más fuerte e intenso, según las actas del Concejo, ocurrió el 18 de abril. Por cierto, que
           era Sábado Santo.

                   Se registró, según los documentos del Concejo, a las nueve y media de la mañana. Produjo
           enormes daños en los edificios públicos y en numerosas casas particulares que se vieron seriamente
           dañadas. Derribó la torre de Santa Catalina. La iglesia, como hemos venido comentando, tenía dos
           torres gemelas y, en la actualidad, solo cuenta con una pues la otra la derribó el terremoto y jamás
           sé volvió a construir. Destruyó también uno de los templetes del llamado “puente de piedra”, ac-
           tualmente puente de los Peligros, con la efigie del Ángel Custodio. El otro templete fue derribado
           por los graves daños sufridos. Cayeron y se destruyeron varias estatuas del imafronte catedralicio.

                   Se resintieron y dañaron todos los campanarios de la ciudad por lo que el Obispo prohibió
           el volteo de campanas, incluso en la torre de la Catedral, por el peligro que suponía. Varías de las
           campanas cayeron a tierra con el consiguiente riesgo para los ciudadanos. Dado que, los seísmos,
           se repitieron a lo largo de todo el mes de abril el Concejo mandó instalar barracones de auxilio
           a lo largo de todo el Malecón y en otros lugares despejados fuera de la ciudad y que sirvieran de
           refugio y cobijo de las familias que lo habían perdido todo o tenían sus casas en ruinas. Se reunió
           en varias ocasiones la llamada “Junta de Socorro de Autoridades” y se dispuso que las dependencias
           públicas se trasladasen donde se creyera más oportuno a sus respectivos jefes dado que, los edificios
           públicos, habían quedado seriamente dañados. Y en aquellos momentos de angustia y dolor es
           cuando tenían que dar más apoyo a los murcianos. El Ayuntamiento ocupó las “casetas de la plaza
           del Mercado” (Plaza de Santo Domingo) El Rey envió a Murcia, con carácter de urgencia, “dineros
           y socorro” Se crearon rondas para vigilar de noche la ciudad cuyas casas, en su mayoría, habían
           quedado abandonadas. Hubo saqueos y numerosos robos sobre todo en palacios, iglesias y con-
           ventos. Aquellas rondas tuvieron que emplearse a fondo para evitar males mayores especialmente
           por las noches. Se hicieron numerosas rogativas y se sacaron en procesión las imágenes de Nuestro
           Padre Jesús Nazareno (de la Cofradía del mismo nombre) y así mismo se trajo desde el Santuario
           a la Catedral la imagen de nuestra Patrona, la Virgen de la Fuensanta. Por último, significar que
           el Intendente de la ciudad promulgó una orden para que se dejasen abiertas las puertas y portillos
           de la ciudad a todas horas, incluso por la noche, a fin de que, caso de repetirse los terremotos, los
           murcianos pudieran huir hacia la huerta o el campo.

                   La plaza de Santa Catalina fue de las que mayor daño sufrió y sus edificios quedaron muy
           dañados por lo cual, según acreditan los “justicias”, se prohibió andar por ella prohibiendo, inclu-
           so, a sus moradores acceder a todas las casas del entorno pues estaban en ruinas.

                   Pero aquellos bandos y proclamas debían hacerse de “viva voz” por calles y plazas ya qué ni
           el toque de queda, ni la señal de amanecida, el ángelus o los toques de arrebato y avisos a los mur-
           cianos ya no pudieron hacerse más desde la torre de Santa Catalina porque el terremoto la había
           destrozado por completo.

                   Hoy la iglesia de Santa Catalina, sede de la cofradía “Corinto” que tiene a su Sagrado Titular
           bajo la divina advocación de la Caridad se constituyó y procesiona desde uno de los templos más
           antiguos y con mayor historia e influencia en la vida de los murcianos a lo largo de más de qui-
           nientos años y cuyo declive y final lo tuvo precisamente un Sábado Santo cuando la tierra tembló
           y la virulencia de aquel terremoto se cebó con su torre, campana y reloj.

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