Page 184 - Rosario Corinto 12
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Ofrecerte mi alma quiero
Tuya es, te lo digo sincero
Yo quiero esta noche a tu servicio consagrarme,
Y ser un hijo tuyo desde hoy y para siempre
Ecce Homo santacatalino de rostro divino
Al que quiero ahora mismo declararme
En jura improvisada de unos estatutos
Que mi corazón aprobase
Y sobre los santos evangelios
Consciente y de buen agrado
Yo juro que por siempre he de amarte
Que a tus manos mi espíritu encomiendo
Y que te llevaré eternamente sobre mi pecho
Así lo digo, lo juro y lo defiendo.
Ahora que ya hemos jurado, el Señor de la Paciencia se encuentra en nuestras calles, ha
recorrido las primeras vías de aquella Murcia antigua, platería, jabonerías, el Romea, incluso un
inédito arco de Santo Domingo se ha rendido para que por él entrase, cual emperador romano al
que se le edifica su arco de triunfo, allí nos habremos santiguado y quizás un ave maría se habrá
musitado al pasar bajo el camarín de la Virgen del Rosario.
Trapería abajo el devenir del cortejo detendrá a cofrades y curiosos para contemplar al
Cristo que a todos nos está hoy llamando mientras el incienso y el olor de la madera crujiendo
de los estantes nos conducirán hasta sus plantas, plaza de la cruz, la calle de su escultor, Nicolás
Salzillo y la Catedral, donde improvisada tribuna institucional se levanta y en singular ofrenda en
la noche otoñal le entregamos la medalla de la ciudad, la faja de concejal e incluso alguna que otra
vara, así tendrá el Cristo de la Paciencia cíngulo que ceñirse, medalla y su cordón que sustituyan
al ahogador y caña de plata convertida en vara de mando, ahí es na, honores de rey para el Cristo
de los murcianos de hace 300 años.
La frenería lo esperará un año más y cuando pase por ella repicarán en San Pedro las cam-
panas para anunciar su llegar, pues en desfile triunfal Cristo retorna a su barrio para sus ánimas
amparar. Se girará para verse reflejado en la mirada infinita y sin par del Señor de la Esperanza,
particular vecino de la collación y alcanzará sus plazas, la que le pone las flores sobre el paso y la
que lleva el nombre de nuestra santa. Alcanza el Señor la puerta de Santa Catalina y poco a poco se
va girando sobre los hombros cansados de sus estantes, aquellos que perfectamente podrían volver
a hacer el recorrido de la procesión al completo. El Rey a las puertas de palacio, ha terminado el
triunfal paseo anual, suena la corneta con el inconfundible toque de la marcha real y para dentro...
y ahora que todo se ha cumplido y estoy finalizando lo que dejo aquí desde hoy escrito pienso si
soy digno de haberte cantado tus glorias, si quizás otros hubieran sido los más selectos para inten-
tar alcanzar tu monárquica figura o incluso si soy merecedor de acercarme siquiera y tímidamente
depositar en tus pies un sincero beso de mis labios o tocar con mis manos las tuyas...
Vuelvo a quedarme a la vera de tu paso
Cuando todo haya oscurecido
Cuando todo se haya ido
Y se cierren las puertas hasta el año venidero.
Vuelvo a ponerme a tu vera
Porque lo necesito
Porque así mi hueco tener espero
Cuando sea anima bendita y salvarme del infierno
Por eso aquí yo dejo el testigo
De esta declaración de amor sin medido
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