Page 23 - Rosario Corinto 12
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ÁLVARO HERNÁNDEZ VICENTE
Pregonero de la Semana Santa 2025
A los cuatro vientos
Queridos cofrades de la Caridad,
Con inmenso honor y una responsabilidad inolvidable, quiero dirigirme a
vosotros como pregonero de nuestra Semana Santa 2025. Durante estos meses, con
el corazón desbordado de ilusión, he trabajado incansablemente para poner voz a esta gran historia
de Amor que, año tras año, sacude los cimientos de nuestra alma. Esa primavera eterna que vivi-
mos todos los cofrades enamorados de Murcia se acerca, y no puedo más que sentirme agradecido
por ser parte de ella junto a todos vosotros.
La Semana Santa de Murcia es una patria en la que somos y nos reconocemos, donde nues-
tras Verdades se manifiestan sin obstáculos, sin velos ni cortinajes: directas, en carne viva, sangran-
tes y, al mismo tiempo, redentoras. Verdades que hemos heredado de quienes nos precedieron y
que debemos legar con amor y esmero, porque son los pilares de nuestros principios.
Murcia, que este año celebra sus 1.200 años de historia, es testigo de una piedad popular
asentada durante siglos que ha sabido transmitir a pie de calle la fe católica y su tradición. Esta
tradición no es algo que se repita anualmente porque un calendario lo marca, sino porque tenemos
la profunda convicción, la certeza de que debemos transmitir el fuego que nos quema las entrañas.
Por eso, ahora más que nunca, debemos reivindicar nuestra religiosidad pública en una sociedad
profundamente secularizada, asentada en un confuso relativismo que amenaza con hacer colapsar
los valores del occidente cristiano.
Queridos cofrades, sois partícipes de algo absolutamente grandioso. ¡Cuántas almas habrán
experimentado consuelo en la intimidad de un callejón, en una esquina, refugiadas en un portal o
bajo el cielo murciano, en esta Semana Grande! ¡Cuántos corazones habrán suspirado, igual que lo
hacemos nosotros, con la emoción contenida que despierta esa procesión de nuestra vida!
Sé que muchos de vosotros ya sentís ese cosquilleo en el estómago ante una nueva Semana
Santa cuando acaba la Navidad. Ese revoloteo anuncia que la espera se acorta, que pronto los
tambores, las túnicas corintas, los pasos, las flores y la música volverán a llenar nuestras calles
perfumadas de azahar. Cuando el Cristo de la Caridad procesiona por las calles de nuestra ciudad,
transforma el espacio y el tiempo. Casi diría que lo detiene en su sueño. Lo eterno se funde con lo
contingente, y la antigua plaza Mayor, la plaza de Santa Catalina, es un éxtasis de vida dispuesto
a recorrer todo corazón de Murcia. La ciudad entera se convierte en un altar. En el bullicio de los
nuestros, en las sillas ocupadas por generaciones de familias, e incluso en las ausencias de los que
tuvieron que marcharse a los palcos del cielo, encontramos el sentido más profundo de la Semana
Santa: que todo lo que nos asusta está vencido y que la Vida se ha abierto paso entre nosotros.
Murcia tiene la Semana Santa más soleada, con rayos que doran el alma y el corazón.
Durante diez días, somos capaces de transformar nuestra ciudad: su color, su olor, el sentir de
sus gentes y el de quienes nos visitan y siempre quieren volver. Y si podemos lograr eso, ¿qué no
podremos alcanzar con nuestros anhelos sinceros y nuestra fe puesta a los pies de esos titulares que
son imagen de Aquellos que velan por nosotros y nos bendicen desde la gloria?
Gracias por vuestra labor, vuestra entrega durante todo el año y vuestro amor por algo tan
grande. Gracias por mantener viva esa tea que lleva encendida más de dos mil años. La Semana
Santa de Murcia es un regalo que nos ha dado la vida a todos los que tenemos el privilegio de vivir
en este rincón bañado por las aguas del Segura, un milagro que se renueva cada año. Como pre-
gonero, me siento afortunado de formar parte de este milagro que, si Dios así lo quiere, intentaré
proclamar a los cuatro vientos este 9 de marzo rodeado de todos vosotros.
Con todo mi corazón, os deseo una provechosa Cuaresma y una profunda Semana Santa
bajo la protección del Santísimo Cristo de la Caridad.
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