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ANTONIO JOSÉ GARCÍA ROMERO
Mayordomo-Presidente de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
Las cofradías ante los retos del siglo XXI
En la clausura de XXXV jornadas nacionales de hermandades y cofradías celebradas en Medi-
na del Campo (Valladolid) se elaboró un documento final de gran utilidad para ir avanzando
y construyendo realidades cofrades más sólidas, más auténticas y más comprometidas con
nuestra fe. No olvidemos nunca que los nazarenos somos cristianos comprometidos con nuestra fe, y es
imprescindible que la perspectiva no se pierda y sepamos que el compromiso con la solidaridad y con
el más necesitado debe estar presente en el objetivo y fin de nuestras asociaciones pasionarias. Todo ello
redundará una mayor fecundación en la vida de todas las cofradías de España.
En las diferentes mesas redondas se trabajó en como acertar en la acción de las Cofradías. Desde
la nueva realidad cofrade que se abrió a raíz de la transición política española, ha supuesto un largo reco-
rrido en el que mucho ha cambiado: la realidad de las cofradías, la sociedad y la Iglesia. En aquellos años
en España, que hacía poco había estrenado el presente periodo democrático, se superaban los restos del
nacional catolicismo, pero también los resquemores de la reacción contra toda manifestación de fe en la
calle, y los ecos de un post Concilio mal entendido, que para algunos fue equivalente a la desaparición
de las tradiciones y devociones populares. Por el contrario, comenzaba un auge de la piedad popular, en
todos sus aspectos, al amparo de nuevos marcos regulatorios: en 1983 nace el nuevo Código de Derecho
Canónico y se estrenan las autonomías. A nivel nacional, unos acuerdos Iglesia Estado, firmados pocos
años antes, aseguraban la independencia de ambas esferas, pero una valoración positiva del hecho religio-
so, que podía ahora contar con ayudas y reconocimientos.
Por todo ello, me parece fundamental recoger las palabras de D. Francisco Julián Romero Galván,
Director de la Comisión para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado de la CEE, por su necesaria
difusión entre los cofrades.
De esto han pasado ya 42 años. Por una parte, el modelo parece consolidado, por otra, la vida
interna de toda la piedad popular ha cambiado muchísimo. Nuestra sociedad está secularizada, muchos
viven sin tener en cuenta a Dios o viven indiferente ante Él. El hombre de hoy busca, pero no encuentra.
Dios ha desaparecido de su horizonte y se ha quedado él solo. Ya San Pablo VI denunciaba el secularismo
de la sociedad, como un deseo de “vaciar los proyectos humanos de cualquier búsqueda de Dios”, y San
Juan Pablo II usó el término “apostasía silenciosa”. Benedicto XVI habla de “indiferencia religiosa” y de
analfabetismo religioso. El Papa Francisco utiliza el término, “prescindencia”, Dios es un concepto del
que se puede prescindir perfectamente, es la extensión de un ateísmo no militante sino práctico, un modo
de vivir e intentar ser feliz como si Dios no existiera.
En este ambiente secularizado de manera sorprendente las cofradías viven un momento de esplen-
dor como nunca han conocido. Tras la pandemia hemos experimentado uno de sus mayores impulsos.
Muestra de esto es el crecimiento del número de hermanos que participan, lo mismo que las celebraciones
extraordinarias, procesiones magnas, coronaciones y otros actos singulares. Dato que no deja indiferente a
la Iglesia. Este hecho nos abre a interrogantes, a la vez que nos invita a trabajar para que las cofradías sean
espacios evangelizadores que permitan a los hombres de nuestro tiempo un sencillo y auténtico encuentro
con el Señor y les anime a vivir su fe con autenticidad en el seno de la comunidad eclesial.
La fe precisa entrar en diálogo con cada cultura, sin inculturación no hay evangelización, como
nos enseña el magisterio de los últimos papas, desde Pablo VI en Evangelii Nuntiandi a Juan Pablo II en
Redemptoris Missio, Benedicto XVI o Francisco cuando habla de los muchos rostros del pueblo de Dios.
La fe tiene que dialogar con todas las culturas, también y principalmente con la cultura emergente.
Nuestras hermandades dialogan con la cultura, y lo hacen, no sin titubeos y alguna contradicción. Pero
eso es inevitable. La Piedad Popular se relaciona con la cultura tradicional de los pueblos, y lo vemos en
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