Page 52 - Rosario Corinto 12
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San Juan, apóstol, evangelista
y dos veces mártir
Agustín Alcaraz Peragón
Historiador del Arte
Comisario de la Cofradía Marraja de Cartagena
“El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio
que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual
está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana.
Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza”
Catecismo de la Iglesia Católica, 2473
Alo largo de la Historia, nunca ha sido fácil para los cristianos dar testimonio de
Cristo. Por uno u otro motivo, en distintas épocas y lugares y con muy diversos
perseguidores, muchos han sido los cristianos que han dado su vida por mantenerse
firmes en sus creencias.
Es difícil cuantificarlos, teniendo en cuenta que hubo -y hay- auténticas matanzas de hom-
bres y mujeres tan solo por ser cristianos, y no sólo en los tiempos de los emperadores romanos.
Echando un vistazo a internet podemos encontrar un estudio llevado a cabo por una escritora nor-
teamericana, Dawn Marie Beutner, ingeniera aeroespacial, profesora y colaboradora de la Diócesis
de Arlington, que concluye que “utilizando datos del calendario litúrgico oficial de santos y beatos
de la Iglesia —el Martyrologium Romanum de 2004— y datos del Dicasterio de las Causas de los
Santos, mis cálculos muestran que 14.154 hombres, mujeres y niños han sido reconocidos como
mártires a lo largo de los siglos”.
El martirio acaba con la muerte. De hecho, en los primeros tiempos del cristianismo se
acuñó otro término, el de ‘confesor de la fe’ para aquellos que eran torturados, pero no llegaron a
morir. Es una definición que acuña el obispo San Cipriano de Cartago, que acabaría siendo, tam-
bién él, mártir. Pero éste es un término en desuso.
Lo cierto es que es difícil encontrar alguien que, habiendo sufrido martirio, sobreviviera.
Sobre todo, cuando se trata de una tortura que inexcusablemente conduce a la muerte. Pero ¿y
cuándo eso sucede dos veces en la misma persona? Evidentemente no estamos hablando de algo
que cuente con muchos ejemplos. Tan solo uno: San Juan.
Juan Zebedeo era un galileo que fue llamado por Jesús para seguirle, no ya como uno de
los muchos discípulos que lo hicieron, sino como uno de los doce, de los apóstoles, del grupo más
cercano de seguidores de Cristo.
De aquellos doce, uno, como sabemos, se quitó la vida tras entregarle. De los otros once,
diez fueron ejecutados: Pedro, Andrés y Simón crucificados; Santiago, Mateo y Judas Tadeo deca-
pitados; Felipe y Santiago el Menor lapidados; Bartolomé desollado y Tomás atravesado por una
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