Page 56 - Rosario Corinto 12
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Penitencia

                                                                                    César Luis Alonso Roque
                                                                   Celador del paso del “Expolio de Cristo”

                                                                        Vicepresidente 1º Cofradía Caridad

    La palabra penitente se puede emplear como sustantivo o bien como adjetivo, vin-
                          culada siempre con la penitencia. El origen de esta palabra viene del término latino
                          paenitens, que se puede traducir como “el que se arrepiente”, ya que viene del verbo
           paenitere (arrepentirse). Para que podamos entender pues qué es lo que le lleva a una persona a ser
           penitente, debemos partir de que está arrepentido, tiene un remordimiento de haber hecho alguna
           acción, pensamiento o cualquier otra cosa mala. Si acudimos al DRAE, este nos dice también que
           penitencia es un castigo (pena por un delito), también un acto de mortificación interior o exterior
           etc. Dentro de las nueve acepciones que encontramos, las tres últimas las relaciona con la religión
           católica: “sacramento en el cual el sacerdote absuelve los pecados cometidos a quien los confiesa”;
           “pena que impone el confesor al penitente” y “pesar de haber pecado y propósito de no pecar más”.
                   Entonces, ¿quién es el penitente? Será aquel que busca la satisfacción del pecado. Tras el
           sacramento de la confesión hará la acción que el sacerdote ha concretado para él, una vez hecho,
           todo queda satisfecho. Volviendo al DRAE, nos dice en la acepción 5 que es la “persona que en las
           procesiones o rogativas públicas va vestida de túnica en señal de penitencia”. Término, desde un
           punto de vista nazareno muy vacío. Pero si seguimos curioseando por el diccionario, en su versión
           digital también nos dice que como sinónimos de penitente tenemos “nazareno” y “encapuchado”.
                   Si nos centramos en el primer término, nazareno, como tal, yo podría decir que sí se corres-
           ponde a penitente, porque, desde mi punto de vista, dentro de la esencia del nazareno está la peni-
           tencia, sin penitencia no hay nazareno. El nazareno es nazareno por y para la penitencia, su actitud
           debe ser de penitente, no solo en la procesión, sino también en su vida diaria, acordándose siempre
           de lo que nos dice Jesús en el Evangelio de Mateo 6:3-5: “(…) que no se entere tu mano izquierda
           de lo que hace tu mano derecha (…)”. Esta cita al Evangelio la podemos utilizar de eslabón al si-
           guiente sinónimo que nos marca la página de la RAE; “encapuchado”. ¿Es el penitente el que está
           arrepentido de sus pecados, el que busca el perdón con la penitencia diaria un “encapuchado? Para
           mí, sí. Si recordamos lo que dice Mateo en todo ese pasaje, así debe ser. Porque es el Padre el “que
           ve lo que se hace en secreto”, no tenemos que ser como “los hipócritas, porque a ellos les encanta
           orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente les vea”. El nazareno,
           el penitente, el encapuchado es esa persona que debe vivir como la viuda pobre del Evangelio, que
           dejó de limosna todo lo que tenía, aunque fuera una sola moneda.
                   Una vez visto esto, podemos continuar explorando el DRAE. También aparece como “sinó-
           nimos o afines” las palabras anacoreta y disciplinante. Dejando anacoreta a un lado, por no estar

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