Page 59 - Rosario Corinto 12
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El ejercicio del Vía Crucis
y su importancia para las
cofradías de penitencia
Borja Atencia Flores
Historiador del arte
En el tiempo litúrgico de la Cuaresma, tiempo por excelencia de preparación para la
Semana Mayor del cristiano y la Resurrección del Señor, son muchas las costumbres
de ejercicios piadosos que se llevan a cabo por los católicos, dependiendo también de
la zona o región geográfica. Pero si hay uno que destaca por encima del resto en todo el orbe cató-
lico, es la celebración del ejercicio del Santo Vía Crucis, rezo vinculado directamente con la Pasión
del Señor, y que, en los días previos al Triduo Pascual, adquiere su pleno significado.
El Santo Vía Crucis es una de las más antiguas devociones practicadas por el catolicismo, y
su función es la de acompañar a Cristo en el camino de la cruz, desde que es condenado a muerte
por Poncio Pilato, hasta que es clavado en la cruz, muerto, descendido y sepultado. Etimológica-
mente, la palabra “Vía Crucis” tiene un origen latino, y significa “Camino hacia la cruz”, ese mis-
mo camino que recorrió el mismo Jesús hasta que fue clavado en el santo madero para redimirnos.
El origen del rezo del Vía Crucis se remonta a los primeros años del cristianismo, a la ciudad
santa de Jerusalén, donde el Señor padeció y nos redimió, a consecuencia directa de la Pasión de
Cristo, en los que los peregrinos tenían la costumbre de recorrer la “Vía Dolorosa” (trayecto que
realizó Jesús camino al Calvario), meditando este camino y realizando paradas en puntos señalados
reverentemente desde casi el principio de extensión del cristianismo.
Una piadosa tradición, que está documentada en el siglo V, nos cuenta como la Santísima
Virgen María recorría los sitios en los que Jesucristo había padecido en el trayecto de la cruz y en
estos lugares señalados se detenía y oraba.
El vía crucis está repartido en 14 momentos que se contemplan cuando se reza, y son las
denominadas “estaciones”, palabra también con etimología latina y que viene del latín “statio”,
“acción de detenerse y estar parado en un punto”, adquiriendo todo el sentido cuando este rezo,
se realiza en movimiento, bien por las calles, (como lo viene realizando nuestra cofradía) o en el
interior de los templos, recorriendo el mismo, haciendo paradas en los puntos que, normalmente,
están marcados en la pared de los templos, piadosa costumbre iniciada por los frailes franciscanos
ya que, mediante bula de Inocencio XI en el año 1686, se les concede a los mismos, el derecho y
el poder de erigir estaciones en el interior de sus iglesias, otorgando también todas las indulgencias
obtenidas anteriormente con la peregrinación a Tierra Santa.
Las estaciones del Santo Vía Crucis tradicional no son todas tomadas de los evangelios
canónicos, sino que también entran en juego aquí las piadosas tradiciones y la presencia de textos
apócrifos que completan el ciclo de las catorce paradas que ha de tener el rezo y, que se completa
realizando alguna reflexión o lectura que vaya en consonancia con el pasaje sobre el que se está
meditando.
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