Page 57 - Rosario Corinto 12
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relacionado al nazareno en sí, creo yo, vamos a ver qué podemos decir de disciplinante. La segunda
acepción dice: “Persona que se disciplina públicamente en las procesiones de Semana Santa”. Una
disciplina es un “instrumento con varios ramales, cuyos extremos son más gruesos, y que sirve
para azotar. Siempre que leo u oigo la palabra disciplinante la mente se me va directamente a dos
ideas. La primera es al pasaje tan divertido e interesante del Quijote donde nuestro querido “orate”
tiene un enfrentamiento con esos nazarenos que llevaban a la Virgen y con esos penitentes que se
fustigaban con disciplinas, creyendo nuestro héroe que eran demonios y llevaban a una doncella
retenida, ya que lloraba.
La segunda me lleva al pueblo riojano de San Vicente de la Sonsierra. Aquí tenemos a los
Disciplinantes de la Cofradía de la Santa Veracruz de San Vicente, más conocidos como los “pi-
caos”. Este penitente, una vez que el párroco acredite que cumple los requisitos para disciplinarse,
vestido de hábito, acudirá a la Hora Santa, se arrodillará ante el paso al que haya hecho la ofrenda,
rezará una oración y, al ponerse en pie, el acompañante le retirará la capa de los hombros y le abrirá
la abertura de la espalda. Es el momento en el que el disciplinante coge la madeja (disciplina) y con
las dos manos se golpea la espalda a izquierda y derecha durante unos 20 minutos. Se estima que
se da entre 800 y 1000 golpes. Es el momento en el que el acompañante, el práctico, le golpea en
la zona lumbar, para que salga un poco de sangre, que evite molestias posteriores. A esto se le llama
“picar” y se hace con una bola de cera con seis cristales incrustados de dos en dos, así el “picao”
recibe doce pinchazos. Es una tradición que cualquier nazareno gozaría viéndola; el silencio roto
solo por el sonido de la disciplina chocando en la espalda del penitente crea una sensación que llega
hasta lo más profundo del corazón, ya que inevitablemente recuerda a la Pasión de Nuestro Señor.
¿Y el penitente murciano? Este penitente viste una túnica del color de su cofradía y va cu-
briéndose la cara con el capuz. Portará o bien cirio en la mano o bien cruz, en muchos casos varias
cruces juntas, sobre un hombro. Acompaña en hermandad, formando dos filas a los lados acompa-
ñando al paso de su hermandad. Debe ir en acto de recogimiento, debe orar durante la procesión
buscando ese arrepentimiento total que le ha llevado a procesionar. Puede también ofrecer dona-
tivos en forma de los famosos caramelos, estampas etc. a los asistentes al desfile. No me extenderé
en algo que es de sobra conocido por todos los nazarenos murcianos. Pero la cuestión es: ¿puede
charlar con el público o con su compañero de fila rompiendo un orden en las mismas? Es el famoso
orden en el desorden. No seré yo el que diga cómo tiene que actuar cada cual en su penitencia,
ya que es personal y la penitencia, como arriba he dicho, solo tiene que ser vista por Dios. Pero
siempre abogaré por que debe ser algo serio, responsable con lo que está haciendo, riguroso en las
formas, celoso con su indumentaria y formas, y severo con su disciplina.
Con esto solo quiero decir que todos los penitentes no se disciplinen como en San Vicen-
te, pero tampoco que no se tomen la procesión como si fuera un mero desfile sin acto de arre-
pentimiento. Cada lugar tiene sus propias costumbres y tradiciones, muy respetables todas ellas.
Simplemente abogo por que un nazareno es nazareno todo el año y esa penitencia la debe llevar
durante todo el año. Debe ponerse el capuz diario, para que de esta manera solo te vea el Padre.
Guardará también las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Así será como un nazareno
se hará nazareno.
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