Page 62 - Rosario Corinto 12
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El Expolio es algo
                                más que un paso

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                                                                  Pregonero Semana Santa de Murcia 2021

    Ramón Cuenca nos propuso un reto sin pensarlo. Un reto, una confrontación con
                           la realidad, una batalla intelectual…quizás un verso libre en el conocimiento de la
                           teología más humana. Dios está siendo expoliado de sus vestiduras. Lo repito: ex-
           poliado. Porque al que todo le pertenece, nada se le podía quitar. Pero le quitaron las vestiduras
           para desnudar su alma en un mundo cruel que, como ahora, no es capaz de creer sin ver. Duros de
           corazón y tibios en las acciones, seguimos expoliando a Dios de sus maneras. Lo expoliamos de su
           poder para humanizarlo. Lo expoliamos de su grandeza para menospreciar su inmensa capacidad
           para redimir el pecado y extender la misericordia en un tiempo donde todo vale.
                   El Expolio es algo más que un paso porque detiene el tiempo invisible de los pensamientos
           en el Evangelio peregrino del Señor murciano. Cinco imágenes suscitan la polémica escena donde
           la belleza se impregna del verdadero legado del cristianismo: no podemos olvidar que Dios siempre
           vence. Jesús está en el centro preguntando sin hablar, enseñando sin pizarra, buscando el modo de
           fijarnos la mirada con un solo vistazo.
                   ¿Tú que ves? Porque la catequesis que ofrece la Hermandad de la Caridad en la calle, per-
           mite reflexionar sobre el dulce mensaje del Nazareno. “Yo soy”, es el inicio de la conversación que
           se establece entre sus ojos y el cielo. Los demás, itinerantes con sus latidos, viajan en un universo
           de movimientos inconclusos que buscan calmar sus ansias e hipócritas desvelos. Al Señor, no so-
           lamente lo intentan desnudar, lo quieren callado, débil y desubicado. ¿Supieron apreciar en algún
           momento que aquella sangre manaría de la tierra como un río de salvación?
                   Jerusalén de la Huerta. Sin espacio-tiempo, sin medidas humanas, la divinidad nace como
           decía Santa Teresa “de los pucheros”. De lo más básico, de lo más pequeño. Dios se alza en la ple-
           nitud de este milenio con un triunfo fácil de entender: “para Dios no hay imposibles”. Por mucho
           que intentemos expoliar a Dios de nuestras vidas, hay evidencias que nos demuestran todos los días
           que podemos intentarlo, pero que no podemos conseguirlo.
                   Dios sigue saliendo a la calle, aunque haya pandemias, en el corazón de la gente. Dios si-
           gue vestido en el Sagrario de las Iglesias, sigue revestido de majestad en el Corpus y en la oración
           vespertina de las monjas. Dios está ungido en las telas del tiempo, siendo hoy, mañana y ayer,
           elementos de la bola de Cristo Rey. El mundo está todavía preguntándose si vino Dios y nuestros
           antepasados desvistieron al Mesías con el único prejuicio de tenerle miedo a la verdad.
                   Por eso estamos en la batalla diaria de vestir y desvestir. En El Expolio lo vemos muy claro.
           Somos la incomprensión de quien no sabe lo que ve. Somos, de hecho, la matemática inconclusa
           que se pierde más allá de lo que puede tocar. Y, sin embargo, Dios siempre está repartiendo claveles
           en las manos nazarenas para pedirle fe al mundo.

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