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«Mientras nos queden espinas»

          Reflexión Caridad. Santa Catalina. 24 de febrero 2024.

                                                                 Juan Antonio de Heras y Tudela
                                                 Pregonero de la Semana Santa de Murcia 2022

 Caridad. El principio de todo. El resumen de todo. La virtud de amar a Dios sobre
                todas las cosas.
                        Qué fácil sería cumplir con tu mandato, de haberse quedado ahí. Bastaría con
expresarlo. Con gritárselo al viento en la mañana y a la oscuridad profunda de la noche.
       Sobraría con tomar la palabra. Con proclamarlo en el desierto de las ciudades, en la soledad
de los bosques o en un punto inconcreto del océano en el que navegan nuestros pensamientos.
       Sería suficiente con solo decirlo: «te amo sobre todas las cosas, con todo mi corazón, con toda
mi alma, con todas mis fuerzas, con todo mi ser».
       Cumpliría de sobra, oh Israel, si atara estas palabras a mis manos como un signo; si las
llevara en la frente como una marca; si las escribiera en la entrada de mi casa y se las inculcase,
continuamente, a mis hijos.
       Demostraría lo mucho que te amo jurando por el templo, por el altar o por su ofrenda;
ocupando los primeros bancos en la iglesia y cantando tus salmos, tan fuerte, que nadie osaría,
jamás, poner en duda que soy justo.
       Todo esto bastaría y sobraría, de no haberte seguido hasta lo alto de aquella colina, al norte
de Cafarnaúm, desde la que se divisa el mar de Galilea, el lago Tiberiades. «Haced vosotros con los
demás hombres –dijiste– todo lo que deseáis que hagan con vosotros».
       Lo volviste a repetir ya cerca de la Pascua, cuando los fariseos te ponían a prueba: Para amar
a Dios sobre todas las cosas, hay que amar al prójimo como a uno mismo.
       Tan solo dos días antes de celebrar la Última Cena, una vez más, te lo volvimos a escuchar:
«Lo que hicisteis con uno de estos, mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis».
       No nos dijiste: «será como si lo hicierais conmigo». Nos dijiste que te lo hacemos a ti. Pues tú
estás en el pobre, en el excluido. Habitas en quien sufre.
       Instituiste el sacramento de la Caridad, el verdadero amor en el que habremos de ser juz-
gados. «Venid aquí, benditos de mi Padre, a tomar posesión del reino que os está preparado desde el
principio del mundo», porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era
peregrino y me hospedasteis; estaba desnudo y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; encarcelado
y vinisteis a verme y a consolarme.

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