Page 71 - Rosario Corinto 12
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frutan más al interpretarlas que el manido y algo anticuado repertorio clásico. Esto deriva en una
mayor concentración y un mayor interés en la interpretación correcta de estas obras, tanto a nivel
de fraseo como de dinámicas.

       El repertorio clásico, por el contrario, cuenta con varias desventajas. En primer lugar, la
sonoridad está mucho más alejada del gusto actual que las marchas modernas. En segundo, en su
mayoría son marchas muy manidas, interpretadas hasta la saciedad durante años, lo que en mu-
chos casos provoca una cierta desidia o desinterés a la hora de tocarlas por su constante repetición.
Por último, las melodías, aunque compuestas muy inteligentemente, suelen ser menos cantables o
reconocibles. Marchas como Mektub, Mater Mea, Adoración o Getsemaní presentan perfiles me-
lódicos bastante planos, basados en notas largas y motivos muy simples. Por este motivo, a la hora
de interpretarlas, el músico ha de ser muy consciente de cuál es la melodía principal y la dirección
de ésta, a fin de poder interpretarla correctamente. Así mismo, el músico debe, o bien estar debi-
damente instruido por su director, o bien tener un cierto conocimiento de armonía y análisis para
entender y conectar con estas marchas. Los problemas expuestos antes, sumados al esfuerzo extra
que debe realizar el intérprete para entender y conectar con estas marchas es una combinación que
suele dar como resultado una interpretación pobre y desganada, limitándose el músico a tocar las
notas de su papel, interpretando, en el mejor de los casos, las pocas indicaciones dinámicas que el
compositor indica en la partichela, sin preocuparse del fraseo o de la intencionalidad de cada idea
musical desarrollada.

       Si bien, en mi opinión, las marchas “clásicas” tienen una mayor riqueza compositiva en ge-
neral, suelen estar peor interpretadas que las modernas, más pobres y tópicas que las más antiguas.

       No obstante, uno de los elementos que más se descuida en ocasiones es el tempo, es de-
cir, la velocidad de interpretación. A este respecto, se dan dos circunstancias. En primer lugar,
las marchas clásicas, por “aburridas” y manidas, la desgana a la hora de tocarlas suele traducirse
en una disminución paulatina del tempo. Si el director o, en su defecto, la percusión no actúa a
modo de metrónomo humano, el tempo suele decaer hasta convertir la obra en un suplicio tanto
para el músico que la interpreta como para el público que la escucha. De igual forma, las marchas
contemporáneas, más expresivas, son muy dadas a cambiar de tempo según la sección. Los fortes y
los pasajes triunfales o grandilocuentes suelen tender a correr, mientras que los solos y pasajes más
dulces y expresivos tienden a ser interpretados más lentos, dando lugar a fluctuaciones en el tempo
de más de 20 puntos de metrónomo.

       La segunda circunstancia es la disminución del tempo en general. En los últimos 30 años,
debido principalmente a la moda reinante de introducir marchas modernas andaluzas en el resto
de Semanas Santas, tanto las bandas de música como las agrupaciones musicales y bandas de cor-
netas y tambores han reducido el ritmo base entre 20 y 40 puntos de metrónomo.

       A finales de los 90, cuando aún imperaba en general el repertorio tradicional, el tempo
medio era de negra=100/110, en el caso de las Agrupaciones y las Cornetas, negra=90/80. Esto en
buena medida es debido a que el repertorio clásico es mucho menos exigente a nivel técnico que
el moderno, más dado a figuraciones cortas y ritmos complejos. Actualmente, la media suele ser
negra=90/85 en bandas de música y negra=70/65 en AM y CCyTT. Esta disminución del ritmo,
aunque facilita la interpretación de la mayoría de marchas actuales, dificulta en cuanto a la resis-
tencia la interpretación de las marchas clásicas, convirtiéndolas en obras pesadas que pasan de una
duración media de 4’30’’ a 6’/7’.

       Sin embargo, además de la dificultad añadida al repertorio clásico, esta disminución del
ritmo plantea otras circunstancias en ciertas Semanas Santas. En lugares como Murcia y sus alre-
dedores donde pervive el tradicional “paso huertano”, en el cual no se marca el paso, este aspecto
es más irrelevante. Sin embargo, lugares como Cieza o Cartagena, donde se marca el paso, este
problema es mucho más acuciante. Marcar el paso implica una coordinación total entre la música
y el andero o portapasos. Si el ritmo de la música cambia, también cambia la velocidad a la que el
andero camina. Cualquiera que haya desfilado de este modo sabrá que debajo de un trono el ritmo
es vital para el disfrute de la procesión. Cuanto más ligero es el paso, más ayuda la propia inercia

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