Page 73 - Rosario Corinto 12
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El hombre que todos los
                      días rezaba el rosario

                 Solitaña: protagonista de un cuento de Unamuno

                                                                         Antonio Martínez Cerezo
                                               (escritor, historiador, antropólogo y académico)

 El escritor y filósofo vasco Miguel de Unamuno (1864-1936) visitó Murcia repetidas
               veces, dejando flotando sobre la torre catedralicia y el imafronte de Bort, el dilema
               que espontáneamente contribuyó a acuñar mientras paseaba meditabundo por el Ma-
lecón, disfrutando acaso de sus tópicas lechugas de hoja larga: «¿Es Murcia la ciudad más huertana
de España o quizá la huerta más urbana de Europa?»1. Desde aquellos tiempos que trajeron estos
tiempos, la pregunta sin respuesta es una birlocha de larga cola de trapo con espejuelos de hojalata
que quien quiera que escriba con fundada propiedad sobre Murcia tarde o temprano se ve en la
necesidad de echar a volar en la ajardinada esplanada de la Glorieta, frente a la Casa Consistorial,
vulgo Ayuntamiento.
       Menos conocido a orillas del Segura es el cuento «Solitaña», de su autoría, que se publicó
muy bien ilustrado en la madrileña revista ‘El Espejo’ (agosto 1889), cuyo texto me permito aquí
la libertad de rescatarlo del olvido para la memoria de los cofrades de la Muy Ilustre y Venerada
Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad, con sede canóniga en la Iglesia parroquial de Santa
Catalina, donde el inmortal imaginero Francisco Salzillo (1707-1783) fue bautizado.
       La Caridad, como en familia piadosamente se nombra, es cofradía de mi mayor conside-
ración, por haber crecido y conocido servidor las primeras letras a la vera del antiquísimo templo
que la acoge, en el Colegio de la Virgen de los Desamparados, sobre una óptica de gafas de pasta y
frente a la Confitería de Alonso, pródiga en efluvios de pastillas de café con leche y merengues de
fresa; y la librería universitaria de Romero, en plata nombrada ‘La Covachuela’. A más mérito, por
si fueran pocos, resulta que en los descreídos tiempos que corren tiene la Caridad por principalí-
simo objeto fundacional el rezo parroquial del rosario y publicar anualmente la revista nazarena
«Rosario Corinto», dirigida por su presidente don José Antonio García Romero, a quien confió
para su publicación mi cuento sobre el cuento de Unamuno.
       Al frente del cual, don Miguel incluye un canto infantil bilbaíno, del que toma el nombre
que lleva la narración: «Soli, solitaña / vete a la montaña. /Dile al pastor / que traiga buen sol, /
para hoy pa mañana / pa toda la semana». Y con el eco de la infancia vasca resonándole en la camo-
ta, dibuja con certeros brochazos al protagonista de su moralizadora historia, un individuo normal,
nada sobresaliente, ciudadano de bien, comerciante, buen esposo, buen padre, católico practican-
te, que lleva siempre consigo, adonde quiera que va, la pegadiza entonación ora pro nobis2.

1La historia se cuenta en diversas formas, según autores y medios. En «LAS SEIS LETRAS DE MURCIA» (2021), oportunamente incluí la versión que
tengo por más verosímil: Paseando por el Malecón, pontifica Unamuno: «Murcia es la ciudad más huertana de España»; a cuya fina observación replica su
lazarillo murciano Isidoro Reverte con otra no menos fina: «Murcia es la huerta más urbana de Europa».
2En no pocas versiones del cuento: Orá por nobis. En español actual: Ora por nosotros.

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