Page 74 - Rosario Corinto 12
P. 74
Érase en Artecalle, en Tendería o en otra cualquiera de las siete calles, una tiendecita para
aldeanos, a cuya puerta paraban muchas veces las zamudianas con sus burros. El cuchi-
tril daba a la angosta portada y costreñía el acceso a la casa un banquillo lleno de piezas
de tela, paños rojos, azules, verdes, pardos y de mil colores para sayas y refajos; colgaban
sobre la achatada y contrahecha puerta pantalones, blusas azules, elásticos de punto
abigarrados de azul y rojo, fajas de vivísima púrpura pendientes de sus dos extremos,
boinas y otros géneros, mecidos todos los colgajos por el viento noroeste que se filtraba
por la calle como por un tubo, y formando a la entrada como un arco que ahogaba a la
puertecilla. Las aldeanas paraban en medio de la calle; hablaban, se acercaban, tocaban y
retocaban los géneros; hablaban otra vez, iban, volvían a regatear y al cabo se quedaban
con el género. El mostrador, reluciente con el brillo triste que da el roce, estaba atestado
de piezas de tela: sobre él unas compuertas pendientes que se levantaban para sujetarlas
al techo con unos ganchos y servían para cerrar la tienda y limitar el horizonte. Por
dentro de la boca abierta de aquel caleidoscopio, olor a lienzo y humedad por todas
partes, y en todos los rincones, piezas, prendas de vestido, tela de tierra para camisas de
penitencia, montones de boinas, todo en desorden agradable, en el suelo, sobre bancos y
en estantes, y junto a una ventana que recibía la luz opaca y triste del cantón, una mesilla
con su tintero y los libros de don Roque.
Era una tienda de género para la aldeanería. Los sentidos frescos del hombre del pueblo
gustan los choques vivos de colorines chillones, buscan las alegres sinfonías del rojo con
el verde y el azul, y las carotas rojas de las mozas aldeanas parecen arder sobre el pañuelo
de grandes y abigarrados dibujos. En aquella tienda se les ofrecía todo el género a la vista
y al tacto, que es lo que quiere el hombre que come con ojos, manos y boca. Nunca se
ha visto género más alegre, más chillón y más frescamente cálido, en tienda más triste,
más callada y más tibiamente fría.
Junto a esta tienda, a un lado, una zapatería con todo el género en filas, a la vista del
transeúnte; al otro lado, una confitería oliendo a cera.
Asomaba la cabeza por aquella cáscara cubierta de flores de trapo el caracol hu-
mano, húmedo, escondido y silencioso, que arrastra su casita, paso a paso, con marcha
imperceptible, dejando en el camino un rastro viscoso que brilla un momento y luego se
borra.
Don Roque de Aguirregoicoa y Aguirrebecua, por mal nombre Solitaña, era de por ahí,
de una de esas aldeas de chorierricos o cosa parecida, si es que no era de hacia la parte de
Arrigorriaga. No hay memoria de cuándo vino a recalar en Bilbao, ni de cuándo había
sido larva joven, si es que lo fue algún tiempo, ni se sabía a punto cierto cómo se casó,
ni por qué se casó, aunque se sabía cuándo, pues desde entonces empezaba su vida. Se
deduce a priori que le trajo de la aldea algún tío para dedicarle a la tienda. Nariz larga,
gruesa y firme: el labio inferior saliente; ojos apagados a la sombra de grandes cejas;
afeitado cuidadosamente; más tarde calvo; manos grandes y pies mayores. Al andar se
balanceaba un poco.
Su mujer, Rufina de Bengoechebarri y Goicoechezarra, era también de por ahí, pero
aclimatada en Artecalle: una ardilla, una cotorra y lista como un demonio. Domesticó a
su marido, a quien quería por lo bueno. ¡Era tan infeliz Solitaña! Un bendito de Dios, un
ángel, manso como un cordero, perseverante como un perro, paciente como un borrico.
El agua que fecunda a un terreno esteriliza a otro, y el viento húmedo que se filtraba por
la calle oscura hizo fermentar y vigorizarse al espíritu de doña Rufina, mientras aplanó y
enmoheció al de don Roque.
La casa en que estaba plantado don Roque era viejísima, y con balcones de madera; tenía
la cara más cómicamente trágica que puede darse: sonreía con la alegre puerta y lloraba
con sus ventanas tristes. Era tan húmeda que salía moho en las paredes.
74

