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Apuntes sobre la interpretación
                  de las Marchas de Procesión

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    Cuando se habla en los círculos cofrades sobre las marchas de procesión se suelen
                           comentar varios aspectos: la popularidad de la melodía, la calidad compositiva, el
                           estilo, la procedencia, la dedicatoria, la idoneidad de una marcha u otra según la
           circunstancia o la localización. De igual forma, cuando se tratan en el ámbito académico (las pocas
           veces que esto ocurre), se tratan puntos similares. Sin embargo, habitualmente se olvida uno de los
           puntos fundamentales para cualquier obra musical: la interpretación. Hemos de tener en cuenta
           que, dado que la música es un arte temporal, una obra no está completa hasta que se interpreta, de
           forma que, según varios autores, se puede considerar que el intérprete no es sólo un instrumento
           en manos del compositor, sino que es co-creador de la obra junto con él; resultando una obra lige-
           ramente distinta en cada interpretación.
                   En el ámbito de las marchas de procesión, al ser consideradas por muchos músicos un gé-
           nero “menor”, a caballo entre el folklore y la música culta “ligera”, en muchas ocasiones se suele
           caer en interpretaciones pobres y poco trabajadas, lo que podríamos denominar “interpretaciones
           rutinarias”. Sólo se suele prestar especial atención a la calidad interpretativa en el contexto de una
           grabación de estudio o un concierto, olvidando que el fin principal de una marcha es su inter-
           pretación en la calle, durante una procesión. Es precisamente la calidad interpretativa el aspecto
           fundamental que distingue a una buena agrupación de una mediocre, ni el número de integrantes
           ni el repertorio escogido.
                   Algunos de los aspectos que más se pierden en la interpretación en la calle son el fraseo, es
           decir, la direccionalidad e intención a la hora de interpretar una frase musical; la dinámica, intensi-
           dad y volumen; y el tempo. Antes de comenzar a exponer estos problemas, ha de tenerse en cuenta
           de que hablaremos en general. Al hablar de repertorio clásico, se da por hecho que también hay
           obras de baja calidad, sobre todo las que han caído más en desuso, así mismo, en el repertorio con-
           temporáneo contamos con obras de excelentísima calidad y riqueza que conviven con otras más
           pobres, dándose la circunstancia de que muchas veces son estas últimas las que se ponen de moda.
                   En el aspecto del fraseo, las marchas contemporáneas son las más sencillas de interpretar
           decentemente. La construcción melódica y el fraseo armónico son más del gusto actual que las
           marchas más clásicas. Los ejemplos más paradigmáticos son: la obra del granadino Víctor Manuel
           Ferrer en Banda de Música y la de sevillano Alejandro Blando en Agrupación Musical. El primero
           destaca por sus melodías pegadizas aflamencadas, muy cantables y expresivas, que se prestan a
           que el intérprete conecte rápidamente con ellas y las haga suyas. En el caso del sevillano, tanto la
           melodía como el planteamiento armónico de sus últimas obras tienden a recordar a la música pop
           actual, acercándose al público joven principalmente. Este acercamiento al gusto actual repercute
           en que los músicos, incluso los menos preparados, conectan rápidamente con estas obras y dis-

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