Page 79 - Rosario Corinto 12
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cosa. Veía pasar a los chimberos de la otra guerra como veía pasar al eterno chinel. Si el
proyectil caía cerca, se retiraba adentro y se tendía en el suelo presa de una angustia inde-
finible. Durante todo el bombardeo no salió de su cuchitril. La Noche de San José tem-
blaba en el colchón, tendido sobre el suelo, ensartando avemarías. «Si al cabo entraran,
decía doña Rufina, ya le haría yo pagar a ese negro de don José María lo que nos debe».
Su hijo fue a estudiar Medicina. La madre le acompañó a Valladolid; a su cargo corría
todo lo del chico. Cuando acabó la carrera pensaron por un momento dejar la tienda;
pero Solitaña sin ella hubiera muerto de fiebre, como un oso blanco transportado al
África ecuatorial.
Vino el terremoto de los Osunas; y cuando las obligaciones bambolearon, crujió todo y
cayeron entre ruinas de oro familias enteras, se encontró Solitaña una mañana lluviosa
y fría con que aquel papel era papel mojado, y lo remojó en lágrimas. Bajó mustio a la
tienda y siguió su vida.
Su hijo se colocó en una aldea, y aquel día dio don Roque un suspiro de satisfacción.
Murió su mujer, y el pobre hombre, al subir las escaleras que temblaban bajo sus pies,
y sentir la lluvia, que azotaba las ventanas, lloraba en silencio con la cabeza hundida en
la almohada.
Enfermó. Poco antes de morir le llevaron el Viático, y cuando el sacerdote empezó la
letanía, el pobre Solitaña, con la cabeza hundida en la almohada, lanzaba con labios
trémulos unos imperceptibles ora pro nobis, que se desvanecían lánguidamente en la
alcoba, que estaba entonces como ascua de oro y llena de tibio olor a cera. Murió; su
hijo le lloró el tiempo que sus quehaceres y sus amores le dejaron libre; quedó en el aire
el hueco que al morir deja un mosquito, y el alma de Solitaña voló a la montaña eterna,
a pedir al Pastor, él, que siempre había vivido a la sombra, que nos traiga buen sol para
hoy, para mañana y para siempre.
¡Bienaventurados los mansos!
La moraleja es moralizadora. Al calificar a Supitaña como un manso, Unamuno da a enten-
der que su bienaventurado personaje, aquél que muy seguramente se durmió en el Señor musitan-
do ‘ora pro nobis’ con la mansa muerte heredó la tierra.
AMC. Santander, 26 de diciembre de 2024.
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