Page 103 - Rosario Corinto 08
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dole neorrenacentista impregnada, como referíamos con anterioridad, de dosis de modernidad6. El
grupo, compuesto por seis figuras, posee la raigambre más plenamente renacentista en las imágenes
que sirven como punto de referencia de todo el conjunto, como son las de Cristo muerto sostenido
por José de Arimatea y la propia talla de la Virgen (fig.2), que en gesto piadoso tiende a integrarse
plenamente en este subgrupo central de tendencia miguelangelesca, en un claro recordatorio de la
Piedad Florentina o Piedad Bandini (fig.3), ubicada en el Duomo.
El donatelliano San Juan, poseedor de la firmeza, porte y severidad del gran artista flo-
rentino precursor de Miguel Ángel, surge de la escena principal del enterramiento para posar su
mirada con el sujeto contemplativo y dar pie a un diálogo con éste, introduciéndolo de lleno en la
trascendencia del hecho representado: el entierro del Mesías. Por otra parte, a los pies del Sepulcro,
González Moreno plasma el drama y la expresividad en la figura de la Magdalena (fig.4), dando en-
trada así a los esenciales preceptos de la piedad hispana inserta en la tradicional imaginería religiosa
de nuestro país. Nicodemo, a su vez, es poseedor de una mayor contención expresiva enmarcada
bajo un elegante ademán por el cual se presta a recoger el cuerpo inerte de Cristo.
Destaca, como no podía ser de otro modo en una escena de tanta calidad técnica, el acaba-
do de las imágenes en base a una policromía sabiamente dispuesta, cuyos plegados son estudiados
hasta el más mínimo detalle, mostrándose en consonancia con la entidad del tejido representado
y en plena afinidad con el movimiento corporal de la imagen, buscando en todo instante, tal y
como hemos dicho anteriormente, la plena adecuación estilística con el discurso plástico que
José Capuz Mamano había introducido en la procesión de Viernes Santo noche, no separándose
de la línea marcada por el gran escultor valenciano en unos parámetros pictóricos alejados de la
grandilocuencia barroca, bajo una configuración de tintas planas que recuerda al cuadro “Traslado
de Cristo muerto” (fig.5), obra de Rafael de Sanzio en 1507, ubicado actualmente en la Galería
Borghese en Roma7.
En resumen, un grupo procesional que cuenta con los elementos más suntuosos y repre-
sentativos del arte clásico italiano, aderezados con la dramática expresividad hispana y ataviados
con reminiscencias de la modernidad plástica de su tiempo y, por ende, alejado de la raigambre
salzillesca. Y es que, tal y como dijo el artista en unas declaraciones realizadas a la Revista Hispania
en su nº 256 de septiembre de 1952: “El ideal escultórico de Salzillo está muy lejos de mi tiempo. Las
influencias de tipo universal son bien distintas a las suyas. El ideal en escultura no es el mismo. Así es
que este maravilloso maestro no ha sido mío, y creo más bien que la influencia de mi obra arranca de la
misma raíz que arrancó su genial personalidad: el paisaje, la luz, el color de este pueblo que es el suyo”.
1.Grupo del Santo Entierro. Juan González Moreno, 1958. 2.Detalle del grupo del Santo Entierro. Juan González Moreno, 1958.
Fuente: Flickr.com. Juan Sáez. Fuente: Flickr.com. Gonzalo.
6 BELDA NAVARRO, Cristóbal. “Juan González Moreno, imaginero y estatuario”. En Revista MVRGETANIA, nº 93. Murcia: Academia Alfonso X El
Sabio, patrocinio de la Consejería de Cultura y Educación de la CARM, 1996, p. 15-17.
7 RAMALLO ASENSIO, Germán. “Juan González Moreno, un escultor para temas de la Pasión”. En González Moreno, recóndito sentimiento. Murcia:
Consejería de Cultura, Juventud y Deportes, Dirección General de Bienes Culturas, 2008, p. 39.
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