Page 98 - Rosario Corinto 08
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                                                      José Emilio Rubio Román

    El Sábado de Pasión de 1930, la joyita de Santa Catalina, la pequeña Dolorosa de Sal-
           zillo, lo pasó muy lejos del templo donde ha recibido culto desde el mes de febrero de
           1742 fecha de su entrega a la entonces parroquia.
           Y fue así porque la preciosa y delicada talla resultó elegida entre las que habían de acreditar
    la categoría del arte realizado en Murcia o para Murcia, a lo largo de los siglos, en escenario tan
    selecto como la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla entre el 9 de mayo de 1929 y el
    21de junio de 1930.

           Entre las obras presentes en la muestra, que se exhibió en el denominado Pabellón Mudéjar
    de Arte Antiguo, se encontraban la Virgen de la Arrixaca; el San Antonio, debido a Alonso Cano,
    de la iglesia de San Nicolás; el Cristo del Prendimiento, de Caravaca de la Cruz, atribuido en aque-
    llos días a Marcos Laborda; la Santa Cecilia de las Agustinas, de Roque López; o el San Sebastián
    de Nicolás Salzillo, al culto en San Bartolomé.

           Y, claro, del gran Francisco Salzillo un escogido repertorio compuesto, entre otras tallas, y
    además de la Virgen del Sábado de Pasión, por el San Antón, el San Juan y dos angelitos de la Do-
    lorosa, de la Cofradía de Jesús (que en 1992 repetiría visita a Sevilla, con ocasión de la Exposición
    Universal); el Cristo del Coro y el medallón de la Virgen de la Leche, de la Catedral; el San Rafael
    de San Juan de Dios (que ahora se adjudica a Dupart); el crucifijo de San Eloy, de San Bartolomé;

                                                                           el San Isidoro de Cartagena; siete
                                                                           personajes populares del Belén; y el
                                                                           magistral San Jerónimo, por enton-
                                                                           ces en su monasterio huertano.

    Pabellón Mudéjar de la Exposición de 1929, en la actualidad.           Eran esas las piezas escul-
                                                                  tóricas tan solo, porque en pintura
                                                                  destacaba un buen repertorio de
                                                                  obras de Cristóbal de Acevedo, Joa-
                                                                  quín Campos, Mateo Gilarte, Juan
                                                                  de Juanes, Vicente López, Federico
                                                                  Madrazo, Pedro Orrente, José Ribe-
                                                                  ra, Luis Ruipérez, Lorenzo Suárez,
                                                                  El Greco, Rafael Tegeo, Juan de
                                                                  Toledo (el gran cuadro de la Batalla
                                                                  de Lepanto que puede admirarse en
                                                                  Santo Domingo), Domingo Valdi-
                                                                  vieso o Senén Vila, entre otros.

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