Page 99 - Rosario Corinto 08
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Tampoco faltaron la orfebrería, y algunos bordados valiosos, como la manga parroquial de
la parroquia jumillana de Santiago, del siglo XVI. A lo que habría que añadir todo el muestrario
perteneciente a la provincia de Albacete, Región de Murcia por entonces.

       Pero, como queda expuesto más arriba, la extensa exposición no se encontraba en el recinto
murciano-albaceteño, sino en el aún subsistente Pabellón Mudéjar, que ejerce en la actualidad de
Museo de Artes y Costumbres Populares.

       En el de Murcia y Albacete destacaba sobremanera la lujosa aportación de los Pasos Blanco
y Azul lorquinos, que a diferencia de lo que sucedió en 1992, trasladaron hasta Sevilla, causando
gran impresión, los grandiosos mantos bordados en sedas y oro de las Vírgenes Titulares, además
de otras piezas de gran valor como los palios y principales estandartes.

       Era el pabellón, en su parte murciana, una noble réplica de las tradicionales casas-torre de
la huerta, tal y como se requirió en las bases del concurso convocado al efecto. Fueron sus autores
los arquitectos madrileños Manuel Martínez Chumillas y Ramón Aníbal Álvarez.

       Se decoró el pabellón con muebles típicos murcianos, y se expusieron, además de los bor-
dados lorquinos, muestras agrícolas y minerales, productos en conserva, objetos arqueológicos y
una buena colección fotográfica de lugares de la Región y del autogiro de La Cierva, que había
iniciado sus vuelos seis años antes; amén de una galería de retratos pictóricos de personajes tales
como Floridablanca, Saavedra Fajardo, Romea, Isaac Peral, Villamartín…

                                                                            Inauguraron las instalaciones
                                                                     de la Región de Murcia, que conta-
                                                                     ron también con un huerto y una
                                                                     casa de cañas típica, los Reyes Al-
                                                                     fonso XIII y Victoria Eugenia, jun-
                                                                     to con el presidente del Consejo de
                                                                     Ministro y miembros del Gabinete,
                                                                     el 12 de mayo, tres días más tarde de
                                                                     la apertura oficial de la Exposición
                                                                     Iberoamericana.

Pabellón de Murcia y Albacete en la Exposición de 1929, en Sevilla.         Algunos días antes de la clau-
                                                                     sura, el comité de Murcia y Albacete
                                                                     envió un embalador que se hizo car-
                                                                     go de todos los objetos que debían
                                                                     ser devueltos a la Región, prime-
                                                                     ro a la capital y luego a sus lugares
                                                                     concretos de procedencia. Y en este
                                                                     punto se produjo la polémica.

       Porque unos meses después del cierre del pabellón (que aún se mantuvo en pie hasta los
años 50) y del regreso de las obras de arte a manos de sus propietarios, en marzo del año 1931,
el diario ‘El Liberal’, publicó una información bajo el título “¿Qué ha ocurrido a las imágenes de
Salzillo?” en la que denunciaba desperfectos sufridos en el viaje de vuelta.

       “Sabido es que cuando llegó la hora de embalarlas para transportarlas a la capital andaluza
fueron adoptadas todo género de precauciones. En una palabra, se hizo un perfecto embalaje. Hasta
parécenos recordar que alguien de Murcia acompañó las esculturas hasta dejarlas instaladas. Pero el
retorno no ha sido igual. Las imágenes, se nos dice, fueron colocadas de cualquier modo en sus cajones y
remitidas a Murcia como bultos de tomates.

        El resultado fue que la hermosa Santa Cecilia, de don Roque, llegó a Murcia casi destrozada, las
manos rotas, el órgano, de modo especial, hecho astillas y el cuerpo deteriorado. Igualmente ha ocurrido
con la Dolorosa de talla, de Francisco Salzillo, que se conserva en iglesia de Santa Catalina.

       Y hasta se nos asegura que los deliciosos ángeles que figuran al pie de la gran Dolorosa de Jesús,
estuvieron unos días perdidos, siendo hallados después en el rincón de uno de los cajones con otra imagen.

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